lunes, 20 de septiembre de 2010
Fuera de casa
El Barça sufría, pero la estrategia, ay la estrategia tan despreciada en ocasiones, cambió el partido. Tras el gol, el Atleti se anarquizó, se olvidó de los marcajes y de fijar a Xavi, Iniesta y Busquets. Un regalo para el Barça, que pudo golear de no ser por la falta de puntería y las paradas de De Gea, un portero alto y ágil, cualidades normalmente incompatibles.
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martes, 27 de abril de 2010
Fútbol y redes sociales
Barcelona está guapa. Guapísima. Los balcones se han engalanado en los barrios más populosos con banderas del Barça, que se mezclan con las ‘senyeres’ catalanas que se colgaron por Sant Jordi y se han dejado a la vista del peatón, como dejando claro que sigue habiendo motivos por los que dar un extra.
En la calle, no obstante, las miradas son distintas. Hay risas nerviosas, algún ‘passarem’ y dudas más que convicción. Es increíble como la gente se ha transformado cuando ha tenido un ordenador y la posibilidad de llegar al mundo. En la red –y en las redes- no hay lugar para la duda. La movilización ha sido de tal calibre que muchos ya han hablado de inducción a la violencia. No lo creo.
Las redes sociales tienen algo muy bueno y algo muy malo. Lo bueno es que nadie las controla, lo malo es que nadie las controla. Cada persona es dueña de lo que dice con la seguridad de que sus outputs llegarán a un número de gente indeterminada. Se puede decir que algunos hayan ido demasiado lejos en la web, pero en ningún caso desde el club se ha alentado.
La experiencia de esta semana –para mi, sin duda, inolvidable y positiva- debe servir para que reflexionemos, los que estamos en esto de las redes en mayor o menor medida, y nos demos cuenta de que lo que digamos ya trasciende nuestro grupo de ‘amigos’ y puede llegar a ser portada de diarios. Y claro, cuando se trata de mensajes cortos como en Twiiter, el margen para la interpretación crece mucho. Demasiado.
¡Remuntada!
jueves, 1 de abril de 2010
Resaca del Emirates
El árbitro pita. Pasan de las 22.30. Rabia, decepción. Me marcho para casa, digo a los amigos. Esquivo las cervezas de los más de veinte asistentes a la velada y bajo a la calle. Pienso. ¿Escribo ahora, en caliente y con el enfado, o lo dejo para mañana? Decido ver las caras en el Metro, a ver como veo a la gente. Pero estamos en vísperas del Jueves Santo, y en el Metro de Barcelona, semivacío, sólo hay guiris a los que la vida les parece maravillosa.
Para equilibrar el mundo, decido enfadarme aún más y escribir al llegar a casa. Cabizbajo, pensando en las incontables ocasiones perdidas, enciendo el ordenador. Las imágenes de los primeros minutos se agolpan en mi mente. El córner de Busquets, la triple ocasión desperdiciada, el chut de Messi…
Pero ayer no era mi día, y el wi-fi decide por mí. Esta noche estoy de fiesta, amigo. Está bien, lo dejo para mañana.
Y, por la mañana, la sensación de impotencia y de ocasión perdida es la misma. Ni los dos goles como soles de un Ibrahimovic al que he defendido hasta la extenuación frente a las críticas –al final, con dosis de humor negro- que contra él se han vertido sirven para que me sienta mejor.
Un 2-2 no es mal resultado, me pareció escuchar saliendo del piso donde vi el partido. Pero no es el resultado final lo que importa, sino el cómo. Tras haber destrozado cualquier comparación posible con unos primeros quince minutos de ensueño y tras haber dominado a un Arsenal empequeñecido durante muchos minutos. Sin el mejor Messi, sin Iniesta.
Duele. Duele porque en la vuelta no estarán ni Piqué ni Puyol. Aunque tampoco estará Cesc, duele porque el ser humano no está preparado para controlar la incertidumbre, y con el 0-2 no había lugar para ella en mi mente. Ahora sí, habrá que esperar al Camp Nou para decidir esta eliminatoria que teníamos en un bolsillo agujereado. Duele porque temo acordarme de los primeros quince minutos toda la vida, y no precisamente por el homenaje al fútbol. A mi me duele.
martes, 22 de diciembre de 2009
La FIFA ya tiene su foto
En primer lugar con la disputa una competición sin ningún tipo de interés para gran parte de los aficionados y en la que los clubs tienen mucho que perder y poco que ganar. Si la FIFA pretende que se convierta en una competición seria deben empezar por escoger árbitros serios. El arbitraje de la final fue lamentable, como triste fue la elección de Messi como mejor futbolista del torneo. Cierto es que Messi marcó el gol decisivo pero para ello necesito que un gran Pedro empatara el partido en el último suspiro. La aparición del argentino fue decisiva en la prorroga pero brillo por su ausencia durante los primeros 90 minutos. Pero quedaba mejor el rostro de Messi que el de un tal Pedro Rodríguez Ledesma para la foto final…
Y para acabar de convencerme de que el fútbol que he visto yo es distinto del que ven ellos faltaba la gala de ayer.
Me parece una estupenda idea que FIFpro y FIFA se unan para galardonar a los once futbolistas que forman el mejor equipo del año, pero no que los premios se entreguen por decreto. Así, pienso que la pareja Piqué-Puyol merecían el reconocimiento a un año inmejorable por delante de un Terry que parece de obligación premiarle en todas las galas y un Vidic que no ha tenido su mejor año. Además, me sigue pareciendo infame el poco reconocimiento que recibe Victor Valdés.
Pero claro, la FIFA debía contentar a todos y no podía permitir que Cristiano Ronaldo no tuviera su minuto de protagonismo. Así, le hicieron entrega del premio al mejor gol del año para tener así la foto del preciado astro portugués. Se olvidaron que Grafité, Nilmar o el propio Iniesta habían firmado goles de muy bella factura y quizás mas trascendentales que el de Ronaldo frente al Oporto.
Y por último, y siendo el colmo de mi desesperación, me encuentro a Kaka por delante de Andrés Iniesta en el top-five de premiados. Tenía asimilado que Cristiano quedaría por delante de Xavi –aunque pienso que sin merecerlo- pero pensaba que tendrían la decencia de situar al de Fuentealbilla en cuarto lugar por delante de un Kaka cuyo pasado año en el Milan fue nefasto. Pero como siempre, me volví a olvidar que estos premios no se otorgan a los mejores futbolistas del año, sino a los que encajan mejor en el guión marcado.
GUILLEM PRERA MENERO
miércoles, 27 de mayo de 2009
Un 'algo' llamado Roma
Aquel día, cuando el reloj tocaba las 22.30 horas, la culerada vivió una de aquellas explosiones de tensión y alegría que crean algo especial. Pasó con Kaiserlautern y llegó Wembley. Y ese algo este año se llama Roma. Esta noche, a las 21.45 horas, los dos mejores equipos del mundo, Barça y Manchester, se enfrentan por el triunfo que corona al mejor de los mejores.
Ambos llegan, en principio, con los deberes hechos. Han ganado Liga y Copa barriendo a sus rivales en sendas temporadas estratosféricas y disputarán esta final con todo el arsenal a punto. El Barça, con Iniesta y Henry en principio al 100%, y el Manchester con Ferdinand recuperado y la única duda de Giggs o Scholes en el once.
Guardiola ya tiene pensado su equipo. Meticuloso y calculador como pocos, ayer no quiso dar nombres pero sí dio pistas. Ha convencido a Keita para que retrase su posición. La pregunta es si se refiere a que jugará de pivote defensivo o de lateral izquierdo. La alternativa es Silvinho, un jugador de garantías que siempre ha cumplido.
Todo el mundo habla del duelo entre Messi y Cristiano Ronaldo, pero eso sería simplificar demasiado. Lo advertía Piqué estos días: “Leo y Cristiano no se encontrarán apenas sobre el césped”. Saltarán chispas entre el argentino y Evra, por ejemplo. O entre Eto’o y Ferdinand. O entre Piqué y Rooney.
Son demasiados los jugadores que pueden decidir esta noche como para hacer predicciones. Una final es un partido distinto, en el que los elementos en juego pueden acelerarse o ralentizarse como por capricho, por azar. Lo único seguro es que habrá un ganador, si no hay prórroga, a las 22.30 horas. Tres semanas exactas después del gol de Iniesta en Stamford Bridge.
miércoles, 1 de abril de 2009
Mentalidad como sinónimo de triunfo
España ganó el europeo con todo merecimiento y jugando un fútbol en momentos exquisito, y después ha ganado partidos con una exquisitez sólo comparable al Barcelona de Guardiola. Ahora bien, los dos partidos frente a los otomanos se han ganado por casta, orgullo y convicción a pesar del avispero planteado por Fatih Terim, que ha complicado muy mucho el centro de operaciones español.

Y es que el equipo español no ha jugado como lo hizo en algunos partidos de la Eurocopa o recientemente contra Inglaterra, pero a base de victorias ha adquirido un oficio que le vale para sacar adelante este tipo de partidos. El cambio de mentalidad es sorprendente, y es algo que me inquieta. ¿Hasta qué punto es importante la cabeza para los deportistas?
A tenor del ejemplo de la selección o, por poner otro actual, Fernando Verdasco, el convencimiento de que algo se puede hacer -siempre unido a la calidad y al buen hacer- es casi sinónimo de conseguirlo. En el caso del tenista madrileño, está claro que su victoria ante Del Potro en la final de la Davis con todo el estadio del Mar del Plata en su contra fue la clave de la transformación.
En el caso de España, me gusta situar ese momento en la tanda de penaltis frente a Italia. Tal era el complejo del país y de los propios futbolistas con su pasado errante, lleno de puertas cerradas a última hora y de decepciones en los mejores momentos que ganar al mayor especialista en situaciones límite fue poco menos que una liberación.
Una liberación que a día de hoy permite, por ejemplo, ganar a Turquía con dos goles de hombres como Piqué o Riera, que no estuvieron en la Eurocopa. Ah, y sin Iniesta, Cesc y (hoy) Villa.
P.D.: La clasificación para el Mundial de Suráfrica 2010 se despide ahora hasta septiembre. España lleva 11 victorias consecutivas en partido oficial y el récord, que ostentan Brasil e Italia, en 14. Hay que jugar contra Bélgica y Estonia en casa y contra Armenia fuera para igualar este récord. Para mejorarlo, espera Bosnia también en los Balcanes. Esperamos contarlo aquí.
sábado, 21 de febrero de 2009
Una de derbis
Eso es un derbi.
P.D.: A ver si puedo escribir luego algo del derbi lisboeta.