Sábado grande en la Liga. Derbi en Barcelona y partidazo en Valencia. Más allá del a priori desigual enfrentamiento entre los enemigos íntimos de la Ciudad Condal, donde más hay en juego es en Mestalla, sobre todo para el equipo de casa.
El
Valencia luchará mañana por ampliar el cupo de aspirantes a la Liga. Si gana igualará a puntos con el segundo, el
Madrid, y podrá gritar al mundo que vuelve a aspirar a ser grande. Si pierde volverán los fantasmas que cada noche se pasean por el casco antiguo de la capital del Turia. Que si irregularidad, que si
Emery, que si problemas económicos y accionistas... Todo vale para la exigente afición che cuando se trata de destruir a su propio equipo.
Pero no tiene porqué pasar. El Valencia de este año es un buen engranaje al que sólo le falta un poco de '3 en 1' para fluir a la perfección. Con
Villa como hombre gol y con los distintos pero para nada incompatibles
Silva y
Mata como escuderos, los de Emery adolecen de un cerebro que mueva al equipo. Quizá por ello se encuentran mejor fuera de casa, donde pueden cerrarse un poco más y esperar los errores del rival a la contra. Así ha conseguido 18 de los 28 puntos que tiene en la clasificación.
No obstante, ser aspirante al título requiere dar un salto adelante. Es necesario que el Valencia tome la iniciativa y se decida a
buscar a la dama. Esperar a que ella se fije en ti sirve para jugar la Europa League, pero no para ir más allá. Hay que buscarla y dominarla para aspirar a ella, porque se trata de una musa a la que cuesta convencer.
Para ello
la oportunidad es única. Seguro que el sábado Mestalla no será ese estadio frío y distante de los últimos tiempos, sino todo lo contrario. El campo gritará y animará como no se recuerda, porque si algo tienen los aficionados valencianistas son ganas de que su equipo haga algo grande. Son demasiados los fiascos y muy normales las pitadas.
La oportunidad es única porque el rival llega tocado. Sin
Kaká y sin
Cristiano, el Madrid se refugiará en lo poco que le queda: aguantar con un centro del campo fuerte y encomendarse a la virgen de Higuaín o buscar el milagro francés de Lourdes si a Benzema se le ocurre aparecer. Es por ello que no hay que dar el paso adelante convencidos de que ganar pasa por llevar la iniciativa.
Con el
Sevilla pasando sus peores dudas y llegando sin gasolina a las vacaciones de Navidad, la alternativa pasa por la montaña rusa de
Valencia. Si Emery consigue controlarla y harmonizarla, la dama -que más que la Liga es la dignidad- puede
volver a levante.