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lunes, 11 de enero de 2010

Reflexiones más allá de la victoria

El Barça solventó su partido en Tenerife a base de individualidades y con Bojan y Messi como auténticos estiletes. No obstante, a nadie que vio el partido se le puede escapar que en los primeros 25 minutos el equipo de Guardiola sufrió mucho, muchísimo. ¿Por qué?

Hay varias razones, pero para mí una clara: el centro del campo no funcionó. Decía el sábado Juanma Lillo tras empatar el Almería con el Villarreal algo que pocos ven, en parte porque es imposible si no se está en el campo: que Senna, cada vez que uno de sus pivotes recibía de espaldas, ordenaba la presión hacia arriba. Por decirlo en otras palabras, ejerce de líder en lo que se ve –el brazalete- y lo que no se ve.

Lo digo por Busquets.

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sábado, 9 de enero de 2010

Oportunidad perdida

Decía Juanma Lillo ya hace años que el fútbol es 'incientífico'. No hay ejemplo más claro que el partido que su equipo empató en Vila-real. El punto con el que se fue a dormir el equipo local sabe a poquísimo comparado con el mismo botín sacado en el Camp Nou.

Un mismo resultado resulta balsámico y decepcionante con sólo una semana de diferencia y dependiendo del equipo contra el que se consiga. Lo cierto es que el Villarreal perdió una gran oportunidad de acercarse a Europa. La derrota del Sevilla o el difícil partido que debe jugar el Mallorca contra el Madrid habían hecho pensar a los 'groguets' que con la relativamente fácil victoria en casa los puestos europeos estarían más cerca.

El Villarreal está pasando por ser un equipo irregular este año. Recuerdo que en verano, con alguna cerveza de por medio y ante unos amigos incondicionales de los amarillos pronostiqué, para contrastar con su exagerado optimismo, que acabarían la temporada en la decimotercera posición. Añadí que ojalá me equivoque.

Pero, por el momento, estoy yo más cerca que ellos. Está siendo una temporada extraña para el equipo castellonense. Con un entrenador nuevo que da la alternativa con facilidad a jóvenes y para mi gusto sin una referencia clara arriba, el conjunto combina grandes partidos con otros en los que, pese a dominar, no puede doblegar a rivales teóricamente más débiles.


El gran problema es que no no ve puerta con la suficiente facilidad como para compensar los errores de una defensa que con el bajón futbolístico de Gonzalo ha perdido a su líder. Sólo en cuatro partidos Diego López ha podido dejar su portería a cero, y eso se nota, sobre todo cuando se han empatado cuatro partidos a uno.

El del Madrigal era uno de aquellos partidos de los se ganan por 2-o y no pasan a la historia, pero que son básicos cuando se hace balance de resultados. Quizá, a final de temporada, al Villarreal le falten dos puntos y muchos se acuerden de aquel gran partido que se pudo ganar en Barcelona. Sí, será lícito. Pero que pocos se acordaran de aquella fría noche, sólo una semana después, en el que un inocente Marcano -sin ánimo de señalar al joven- cometió un penalti a poco del final que costó dos puntos a un equipo que tampoco supo remachar a un rival sedado.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

El azar escoge al Liverpool

Corría el minuto 88, eran casi las 22.30 de la noche, y en Birmingham nevaba. Bajo el temporal, el Aston Villa encerraba al Liverpool en su área, amenazando el empate a cero que el tiempo y la falta de fútbol habían impedido romper.

Pero –¡ay!-, una diagonal de Benaoyun desde la derecha, una pelota perdida, un balón rebotado que cae en las botas de Torres. Gol. El Liverpool se mete en la lucha por la Champions, recupera parte de la dignidad perdida y encuentra una razón para seguir luchando hasta final de temporada.

¿Azar? Voltaire decía que ésta es una palabra vacía de sentido, que nada puede existir sin causa. Muy cierto, si la espectacular nevada -¡que estampa tan preciosa!- no hubiera dificultado el juego, o si el Liverpool no hubiera aguantado las acometidas de los villanos, esa jugada azarosa no hubiera tenido sentido.

El Liverpool no fue muy diferente del que hemos visto durante gran parte de la temporada. La titularidad de Aquilani, a la espera de que coja ritmo, aporta cierto equilibrio, da a sus compañeros la opción del pase atrás. Eso reduce las pérdidas estúpidas en el centro del campo y en cierto modo da más posesión, pero la circulación en pocos casos es mejor. Habrá que seguir su evolución, pero hay que dejar la razón y pasarse a la fe para creer que puede hacer olvidar a Xabi Alonso.

Y si no hubo juego, tampoco apareció la épica que históricamente caracteriza a los ‘reds’. Entendida como un conjunto de hechos gloriosos que merecen ser recordados, el Liverpool no hizo nada que se pareciera a la épica. Fue dominado cuando tenía la obligación de dominar y sólo una jugada afortunada le llevó a la victoria.

Pero es que Voltaire no es el único filósofo. Ha habido muchos otros. De la escuela milenaria china, por ejemplo, nos llega este proverbio: el momento elegido por el azar vale siempre más que el momento elegido por nosotros mismos.

El Liverpool sólo tiene que engancharse a la Premier ganando al Tottenham en el siguiente partido en Anfield. El azar le ha elegido.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Las lágrimas de Guardiola

Muchas cosas tuvieron que pasar por la cabeza de los sufridores barcelonistas durante los 88 minutos en los que su equipo no pudo con el Estudiantes argentino. El gol de Touré en la final de Valencia, el de Iniesta en Londres, el de Messi en Roma, quien sabe. También algún momento difícil, como la racha de victorias del Madrid o los minutos previos al gol del de Fuentealvilla en Stamford Bridge.

Cada aficionado recordó, medio pendiente de la televisión, los momentos que su caprichosa memoria escogió. Ahora bien, después del partido nadie representar mejor los sentimientos de la culerada que Guardiola. Como un niño, estalló a llorar de felicidad.

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viernes, 11 de diciembre de 2009

El Valencia, ante su gran día

Sábado grande en la Liga. Derbi en Barcelona y partidazo en Valencia. Más allá del a priori desigual enfrentamiento entre los enemigos íntimos de la Ciudad Condal, donde más hay en juego es en Mestalla, sobre todo para el equipo de casa.

El Valencia luchará mañana por ampliar el cupo de aspirantes a la Liga. Si gana igualará a puntos con el segundo, el Madrid, y podrá gritar al mundo que vuelve a aspirar a ser grande. Si pierde volverán los fantasmas que cada noche se pasean por el casco antiguo de la capital del Turia. Que si irregularidad, que si Emery, que si problemas económicos y accionistas... Todo vale para la exigente afición che cuando se trata de destruir a su propio equipo.

Pero no tiene porqué pasar. El Valencia de este año es un buen engranaje al que sólo le falta un poco de '3 en 1' para fluir a la perfección. Con Villa como hombre gol y con los distintos pero para nada incompatibles Silva y Mata como escuderos, los de Emery adolecen de un cerebro que mueva al equipo. Quizá por ello se encuentran mejor fuera de casa, donde pueden cerrarse un poco más y esperar los errores del rival a la contra. Así ha conseguido 18 de los 28 puntos que tiene en la clasificación.

No obstante, ser aspirante al título requiere dar un salto adelante. Es necesario que el Valencia tome la iniciativa y se decida a buscar a la dama. Esperar a que ella se fije en ti sirve para jugar la Europa League, pero no para ir más allá. Hay que buscarla y dominarla para aspirar a ella, porque se trata de una musa a la que cuesta convencer.

Para ello la oportunidad es única. Seguro que el sábado Mestalla no será ese estadio frío y distante de los últimos tiempos, sino todo lo contrario. El campo gritará y animará como no se recuerda, porque si algo tienen los aficionados valencianistas son ganas de que su equipo haga algo grande. Son demasiados los fiascos y muy normales las pitadas.

La oportunidad es única porque el rival llega tocado. Sin Kaká y sin Cristiano, el Madrid se refugiará en lo poco que le queda: aguantar con un centro del campo fuerte y encomendarse a la virgen de Higuaín o buscar el milagro francés de Lourdes si a Benzema se le ocurre aparecer. Es por ello que no hay que dar el paso adelante convencidos de que ganar pasa por llevar la iniciativa.

Con el Sevilla pasando sus peores dudas y llegando sin gasolina a las vacaciones de Navidad, la alternativa pasa por la montaña rusa de Valencia. Si Emery consigue controlarla y harmonizarla, la dama -que más que la Liga es la dignidad- puede volver a levante.

martes, 24 de noviembre de 2009

Que no están tan mal...

El fútbol es una hipérbole de la vida, muestra una versión grandilocuente de ésta. Así, si se suele decir que la vida da muchas vueltas, el fútbol da más todavía. Si a eso se añade que en nuestra sociedad la información circula a todas horas y a toda velocidad, el resultado es el análisis detallista y pormenorizado de cada gesto, cada detalle, cada partido.


Las mismas preguntas. A Pellegrini, por ejemplo. ¿Cree que ha jugado bien el Madrid? Ni bien ni mal, responde, casi por inercia. Lo cierto es que su escueto comentario no está para nada alejado de la realidad. El Madrid jugó un partido insulso, no enamoró a nadie, simplemente ganó. Y es líder.


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lunes, 16 de noviembre de 2009

Nacidos para combinar

Fin de semana de selecciones, lo que para mi suele significar un fin de semana de poco futbol. Los partidos entre selecciones suelen ser de poco nivel técnico o táctico, más de voluntad e intensidad que de excelencia balompédica.

Es por ello que sentarse en el sofá esperando buen fútbol de una selección es un privilegio al alcance de pocos. Y eso pasa actualmente en España, donde una generación nacida para combinar se dedica a tocar y tocar amordazando a un rival tras otro. Quizá le falte algo de pegada a los de Del Bosque y quien sabe si lo pueden pagar en el Mundial, pero lo cierto es que cuando ves a España tienes muchos números de ver fútbol de nivel. Y eso se agradece, a falta de la pasión de la Liga.


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viernes, 13 de noviembre de 2009

El reto de Blanc

La Liga francesa suele ser una competición de dinastías que se regeneran con el paso del tiempo, unas veces de manera traumática y en otras más suavemente, casi como quien no quiere la cosa. La penúltima, la del Marsella en los años 90, se desmoronó cuando el club fue descendido desde los despachos cuando el presidente, Bernard Tapie, fue acusado de sobornos. Habían ganado tres ligas seguidas.

A diferencia de estos tumultos, el cambio al que se asiste hoy en Francia es algo así como una revolución tranquila. Sobre todo por la calma que transmite el gran protagonista de ese cambio: Laurent Blanc, ese hombre que besaba calvas y del que es prácticamente imposible decir algo malo. Él ha armado un equipo bastante serio atrás y al que no le cuesta marcar, lanzado por Gourcouff y Chamakh, ya que esta temporada a Cavenaghi le está costando entrar.

También ha contribuido a ello el desarme del Olimpique de Lyon, que había dominado la Ligue en las últimas siete temporadas, que se ha quedado en los últimos años sin futbolistas importantes como Benzema, Coupet o Ben Arfa, a lo que se suma la decadencia física de Juniho.

Con todo, los de Blanc son líderes tras doce jornadas después de haberse proclamado campeones el año pasado en la última jornada, haciendo honor a su historia dramática, siempre al borde del límite. Era su sexto título y lo conseguía gracias a un gol de Gouffran precisamente frente al Caen, su antiguo equipo, y al que mandó a la segunda división.

El quinto, conseguido diez años antes, fue si cabe más dramático. Se la jugaban contra el Olympique de Marsella en la última jornada, como el año pasado. Mientras los marselleses ganaban su partido con un gol de Pires, el Burdeos coqueteaba con el drama al empatar a dos contra el PSG. Fue en el minuto 89 cuando llegó el gol y el éxtasis. Lo marcó Pascal Feindouno.

Y es que los años ochenta y noventa son todo un tobogán para el equipo de Burdeos. Todo iba sobre ruedas allá por el año 1987, cuando el Girondins se acostumbraba a ganar. Entre los años 1983 y 1987, el equipo se había anotado tres títulos y dos subcampeonatos, además de perder en las semifinales contra la Juventus en su mejor participación en la Copa de Europa, en la edición que acabó en Geysel con la conocida tragedia.

Los años 90 comenzaron con el descenso administrativo por la acuciante deuda, que superaba los 45 millones de euros. La recuperación deportiva vino precedida de la fuerte inyección económica de dos patrocinadores, Alain Afflelou y el canal de televisión M6, privada pensada para gente joven y cuyo eslogan en los 90 -'la pequeña cadena que sube y sube'- podría aplicarse a la situación del club. Y es que subió tras sólo un año en el infierno y desde entonces se ha consolidado con los dos títulos ya mencionados.

Ahora el presenta y el futuro está en manos de Blanc. ¿Será capaz de mantener el nivel del equipo en los próximos años o sucumbirá a una historia de grandes subidas e iguales tropiezos?

X. Prera