Tiene miga lo del Real Madrid. Florentino dimitió hace poco más de tres años, después de un febrero oscuro en que cayó eliminado de la Champions –¿se acuerdan del golazo de Henry en el Bernabeu- y tras caer en Mallorca. Desde entonces han pasado por la poltrona de Chamartín hasta tres presidentes, y en verano habrá otro -quien sabe si el constructor con el que empezó todo-.
En estas tres temporadas, el Madrid ha estado en una especie de crisis continua que le ha permitido ganar dos ligas. Irónico, ¿eh?

El club merengue es uno de esos equipos con solera a los que jamás se debe dar por muerto. A veces me recuerda a esas películas de terror malas en las que el asesino, ya tiroteado en infinitas ocasiones, ‘resucita’ para dar el último coletazo. En eso andan, entre líos con Guti, eliminaciones de Champions y filtraciones ‘florentinas’, con opciones de luchar por su tercera liga consecutiva.
A pesar de que lo veo muy complicado, lo innegable es que tienen opciones cuando ya las han perdido. El Madrid es ahora un castillo de naipes provisional, más muerto que vivo, que necesita una renovación prácticamente completa. Como el sistema económico, se le ve muy tocado, pero hay unos pocos que se empeñan en que no se hunda aún. En ambos casos la incertidumbre es lo real, es imposible predecir que puede pasar mañana.
Ahora bien, para el Madrid –como para el capitalismo- estar muerto no significa que no se pueda dar guerra. Ahí están, a la estela de un Barça histórico, esperando que el cansancio provoque una pájara en Barcelona para acechar. Dice la canción que ‘no estaba muerto, estaba tomando cañas’. En el caso del Madrid, se puede ir de cañas y estar muerto. Les va la marcha y están frescos. Peligro.
En estas tres temporadas, el Madrid ha estado en una especie de crisis continua que le ha permitido ganar dos ligas. Irónico, ¿eh?
El club merengue es uno de esos equipos con solera a los que jamás se debe dar por muerto. A veces me recuerda a esas películas de terror malas en las que el asesino, ya tiroteado en infinitas ocasiones, ‘resucita’ para dar el último coletazo. En eso andan, entre líos con Guti, eliminaciones de Champions y filtraciones ‘florentinas’, con opciones de luchar por su tercera liga consecutiva.
A pesar de que lo veo muy complicado, lo innegable es que tienen opciones cuando ya las han perdido. El Madrid es ahora un castillo de naipes provisional, más muerto que vivo, que necesita una renovación prácticamente completa. Como el sistema económico, se le ve muy tocado, pero hay unos pocos que se empeñan en que no se hunda aún. En ambos casos la incertidumbre es lo real, es imposible predecir que puede pasar mañana.
Ahora bien, para el Madrid –como para el capitalismo- estar muerto no significa que no se pueda dar guerra. Ahí están, a la estela de un Barça histórico, esperando que el cansancio provoque una pájara en Barcelona para acechar. Dice la canción que ‘no estaba muerto, estaba tomando cañas’. En el caso del Madrid, se puede ir de cañas y estar muerto. Les va la marcha y están frescos. Peligro.
P.D.: Este fin de semana me voy a practicar otra de mis grandes pasiones: el atletismo de fondo. 19 km. de montaña me esperan el domingo. ¡Nos vemos el lunes!