Pero –¡ay!-, una diagonal de Benaoyun desde la derecha, una pelota perdida, un balón rebotado que cae en las botas de Torres. Gol. El Liverpool se mete en la lucha por la Champions, recupera parte de la dignidad perdida y encuentra una razón para seguir luchando hasta final de temporada.
¿Azar? Voltaire decía que ésta es una palabra vacía de sentido, que nada puede existir sin causa. Muy cierto, si la esp
ectacular nevada -¡que estampa tan preciosa!- no hubiera dificultado el juego, o si el Liverpool no hubiera aguantado las acometidas de los villanos, esa jugada azarosa no hubiera tenido sentido.El Liverpool no fue muy diferente del que hemos visto durante gran parte de la temporada. La titularidad de Aquilani, a la espera de que coja ritmo, aporta cierto equilibrio, da a sus compañeros la opción del pase atrás. Eso reduce las pérdidas estúpidas en el centro del campo y en cierto modo da más posesión, pero la circulación en pocos casos es mejor. Habrá que seguir su evolución, pero hay que dejar la razón y pasarse a la fe para creer que puede hacer olvidar a Xabi Alonso.
Y si no hubo juego, tampoco apareció la épica que históricamente caracteriza a los ‘reds’. Entendida como un conjunto de hechos gloriosos que merecen ser recordados, el Liverpool no hizo nada que se pareciera a la épica. Fue dominado cuando tenía la obligación de dominar y sólo una jugada afortunada le llevó a la victoria.
Pero es que Voltaire no es el único filósofo. Ha habido muchos otros. De la escuela milenaria china, por ejemplo, nos llega este proverbio: el momento elegido por el azar vale siempre más que el momento elegido por nosotros mismos.
El Liverpool sólo tiene que engancharse a la Premier ganando al Tottenham en el siguiente partido en Anfield. El azar le ha elegido.