Ningún grupo puede actuar con eficacia si falta el concierto; ningún grupo puede actuar en concierto si falta la confianza; ningún grupo puede actuar con confianza si no se halla ligado por opiniones comunes, afectos comunes, intereses comunes.
Edmund Burke
Si algo ha quedado claro en este Mundial es la importancia del grupo. Ninguno de los tres supercracks que debían comerse el mundo -Cristiano, Messi y Rooney- han pasado de cuartos, y a las semifinales han llegado cuatro equipos que basaban su fortaleza en el colectivo.
Y tres de ellos -España por supuesto, Alemania y Holanda- se han mirado en el espejo de Guardiola y su Barça para construir equipos ganadores. Qué casualidad. Las tres selecciones han mostrado estilos muy diferentes partiendo de una base común: sacrificio colectivo, igualdad entre sujetos y papel importante del seleccionador entendido como psicólogo.
El segundo más largo de la historia. Pase de Cesc en profundidad. Iniesta controla, la deja botar. El balón parece no querer caer. Pero cae, y el de Fuentealvilla le pega. Gol, España gana el Mundial dos años después de la Eurocopa de Viena, consolidando una generación irrepetible.
No es el momento de hacer crónicas militaristas. Sería fácil recordar la historia bélica del Duque de Alba en tierras bajas, seguro que será citado, pero no es el momento. Tampoco de relacionar manifestaciones políticas con un triunfo futbolístico. La coincidencia temporal de ambos hitos históricos no debe confundir. No han ganado ideas políticas.
Generaciones y generaciones de futbolistas, de entrenadores y aficionados cansados de la desgracia, del último minuto y de la mala suerte. Y van estos tipos y se ríen del mundo. España ya está en la final del Mundial gracias a un gol de Puyol.
Y es que este equipo es irreverente por definición. La historia les importa bien poco en el buen sentido de la expresión. Jóvenes, pequeños y amantes de lo artístico, lejos de esa casta, esa sangre que durante años había dado más desgracias que alegrías.
Viena, 29 de junio de 2008. España escribía en el corazón de Europa y frente a su motor la página más gloriosa de su accidentada historia futbolística. El próximo miércoles, dos años y muy poco después, españoles y alemanes vuelven a juntarse por un puesto en la final del Mundial. ¿Qué hay que hacer para ganar a esta nueva Alemania?
Con Messi desaparecido, la apisonadora alemana, engrasada en muchas batallas mitológicas, ha pasado por encima de Argentina. El 4-0 encajado resume un partido ganado por los de Joachim Law con el primer gol. A partir de ahí, a contragolpear a placer.
Es esta una Alemania desconocida, capaz incluso de marcar el tercer gol a la salida de un ‘gilicorner’. Bierhoff y Ballack, que lo veían desde la grada, quizá pensaran en que esto del fútbol es muy heterogéneo. Die Mannschaft (El equipo) ha dejado de ser tosco para convertirse en sutil. El camino es diferente pero el destino el mismo: son mortales.
Una vez más, el fútbol ante el dilema. ¿Seguir con las reglas que le han convertido en el deporte más popular del planeta o renovarse para ganar justicia en detrimento de dinamismo?
Si bien es cierto que el no-gol de Lampard –como también el fuera de juego de Tévez- son imperdonables errores arbitrales, nadie podrá negar que sin el margen de error que el ojo humano y las pulsaciones provocan en los árbitros este deporte perdería buena parte de su gracia y quizá también de su memoria.
Al saber que Henry iría a ver al presidente francés, Nicolas Sarkozy, para explicarle su versión de la lamentable imagen que ha dado Francia durante su corta estancia en Sudáfrica, me acordé de uno de los primeros posts de este blog, que precisamente vendría a cerrar un círculo.
En aquella ocasión, cuando Henry iniciaba en plena forma su segunda temporada en el Barça y excusaba su mal primer año por la falta de contacto con su hija, concluíamos que en fútbol, aunque nos pese a los que pretendemos analizarlo, lo privado importa e influye.
Lo privado, aquello que no se ve, quizá ha dejado de serlo con Francia. Los medios, las filtraciones y los topos hemos llegado muy lejos. Saber –presuntamente- lo que ocurrió en el vestuario de Francia con Anelka en el descanso del segundo partido aporta mucho y traslada un debate que sin la filtración habría sido puramente futbolístico a una cuestión de Estado.
Más que Estado, de nación. Francia presumía en 1998 que su tricolor era la mejor prueba de que el ‘ascensor social’ francés funcionaba. Luego vinieron las banlieus, los coches quemados. Y nada ocurre por casualidad. Y, hemos hecho bandera de ello en este blog, el fútbol jamás es ajeno a lo que ocurre en la sociedad. Hemos llegado a decir que es un espejo que amplifica lo que ocurre a pie de calle.
Gracias a esta filtración hemos sabido que no es que Govou, Evra o Gourcuff sean peores que Trezeguet, Blanc o Zidane, que lo son. Hay también una quiebra de esa harmonía entre razas de la que presumía Francia. Hay odios entre los mal llamados ‘raperos’ de los suburbios parisinos, tan individualistas y amantes de la bronca, y los franceses peor llamados ‘puros’. Por ejemplo, Gourcuff, al que se le ha llamado ‘pijo de clase media de un pueblecito de la Bretaña. Incluso entre inmigrantes de orígenes distintos. Un verdadero drama, a parte de una vergüenza.
En esta ocasión, lo privado ha sido determinante, mucho más que lo que ha ocurrido durante los tres partidos de les bleus. No entraré a valorar si estoy a favor de las filtraciones o no, depende del caso, el lugar y las circunstancias, pero si quiero cerrar afirmando que la tarea del informador no es reproducir discursos sino preguntarse porque y tratar de ver más allá. Tener en cuenta lo privado y no caer en lo fácil, que suele ser lo rápido. Recuerden, la prisa mata.
En un bar cualquiera de no importa qué ciudad española, dos jóvenes veían el debut de España frente a Suiza. Distendidos, comentaban que las tiendas de electrodomésticos que regalaban televisiones si España ganaba el Mundial quizá perdían dinero este año.
A su lado, un hombre de entre 45 y 50 años se acababa el vino y pedía más. Sus pestañas se movían rápidamente, nervioso como estaba. Al final, el tiempo le dio la razón. España perdió.
Opinar es gratuito, y más con las posibilidades que da Internet. Pero creo que, hoy, la responsabilidad es no opinar. Y lo es porque no hay elementos de valoración. Es muy fácil decir que todas las favoritas, jugando peor, han ganado. Es incluso hipócrita. Es facilísimo criticar a Del Bosque por alinear a dos mediocentros defensivos, e incluso se podría criticar a los futbolistas, incapaces como han sido de doblegar a Suiza.
Pero el fútbol tiene un punto caprichoso que le hace mágico y dramático, y atribuyo la derrota de España ante Suiza a estos elementos. Se puede criticar todo lo que se quiera, pero creo que las conclusiones hay que sacarlas cuando acabe el Mundial. Si dentro de dos fines de semana España está de vuelta, el entrenador deberá dimitir. Perfecto.
Pero no se le puede pedir que no tenga personalidad propia, y menos aún que la modifique en medio de un Mundial. Pienso que el seleccionador debe hacer lo que le dicte su cabeza y su corazón, y que ha demostrado la suficiente cordura como para confiar en que sus decisiones van a ser racionales.
La primera página de este libro no ha ligado, y el espejo ha devuelto a España la imagen borrosa de otras veces, pero me quedo con dos tópicos futboleros de primer orden que sirven de consuelo a quien los necesite:
-De 100 partidos iguales, España habría ganado 99 -En toda competición corta hay un día tonto, mejor que sea el primero
Que dura es la crisis que estamos pasando. Pensábamos que el Mundial sería nuestra tabla de salvación por un tiempo, pero ni eso. El conservadurismo se apodera también del fútbol con tantos intereses como hay de por medio, y sólo Alemania ha demostrado cierta capacidad para jugar bien.
Mientras veía los goles de la Die Mannschaft de reojo y seguía la victoria, también por goleada, de Rosell, no podía dejar de pensar en las palabras del ex presidente Felipe González en el homenaje a Pablo Iglesias, mofándose de la canciller alemana Angela Merkel.
La locomotora europea aún tenía, en palabras de González, "margen para hacer políticas anticíclicas", pero optó por un plan de ajuste. Así, enterraba las opciones europeas de crecimiento por motivos domésticos. Conservadurismo, todo lo que contrario que la selección de los Joaquim Low, Ozil, Podolski o Klose.
Si el fútbol es un reflejo aproximado de la sociedad, al menos está bien que nos devuelva una imagen un poco mejor de lo que somos, para poder mirarnos con orgullo.
Antes de comenzar el Mundial ya hemos juzgado a Sudáfrica. Con nuestros valores y parámetros, claro. Con nuestros ojos: los de la rectitud, lo políticamente correcto, el eurocentrismo y los 50 euros siempre en el bolsillo. ¿Qué pensábamos? ¿Encontrarnos con un paraíso en el que es considerado el país más desigual del mundo? Por favor, que ciegos estamos.
Si, han robado a periodistas y a alguna selección. Pero abramos nuestro campo de visión. Sudáfrica, con todos sus defectos, ve en el Mundial su gran oportunidad. Una ocasión inmejorable para que el planeta conozca África y su economía más fuerte. Pero no olvidemos que existen muchas heridas no cerradas de la época del apartheid, y que los perjudicados querrán mostrar al mundo sus conflictos.
Mundial viene de mundo, que sepamos. No de Europa, o de Occidente. Y si el fútbol es el gran embajador de la paz cuando se juntan los amigos de Zidane y de Ronaldo un miércoles por la noche, también debería serlo ahora. Si hay que pasar alguna dificultad y enfrentarse a situaciones a las que no se está acostumbrado, se hace. Y quien no lo haga, que se vuelva. Si es futbolista, otro le sustituirá. Y si es periodista, también.
Dos opiniones para acabar que están conmigo. La de Paco González, que ha debutado con La Siete como si llevara media vida. "No notamos la inseguridad", han comentado él y J.J. Y, en segundo lugar, la de Del Bosque: "Esta gente que no lo suele pasar bien, se merece que la examinemos con generosidad".
"La duda en el amor acaba haciendo dudar de todo". Es una frase de Herni-Frédéric Amiel, un escritor suizo del siglo XIX famoso por haber escrito uno de los primeros diarios personales. Ahora le llamaríamos blog, o bitácora.
La duda, en fútbol, mata. Y la victoria apuntala lo ya existente, haciéndolo más fuerte y menos vulnerable. Es el resumen del partido entre España y Polonia. Tras dos partidos dubitativos, la selección de Del Bosque necesitaba no sólo ganar sino autoconvencerse de que puede hacerlo a su manera. Con ese amor del que hablaba el literato suizo.
El combinado español ha recuperado la esencia gracias a la dulzura de Iniesta, a quien igual le da exterior entre el punto de penalti y el portero que cucharita desde el borde del área a un compañero inexistente para los rivales. Es otro nivel. Lástima su fragilidad, que le resta una continuidad que le haría... es igual. Es muy bueno.
A su manera, Busquets también lo es, y ya es imprescindible en este equipo. Pocos futbolistas que yo haya visto ocupan mejor el campo, son tan buenos tácticamente y no son troncos de 190 centímetros. Un superdotado.
Estos dos y Xavi son lo mejor de la selección, junto con la seguridad defensiva. Lo peor, para mi, los laterales. Cuando no juega Ramos se nota. Capdevila es lo que es y Arbeloa aparenta más de lo que rinde, para mi gusto. A Xabi Alonso tampoco le vi cómodo en muchos tramos. Aunque se soltó cuando Polonia bajó los brazos, con alguien tan parecido a él como Busquets en el campo a veces parece un pato mareado.
En fin, debo de ser un afortunado por no haber visto los otros dos partidos, pero con este los forofos de la roja pueden dormir tranquilos. Su idilio con el fútbol no peligra, y cuando el amor es ciego, al alejar fantasmas, la posibilidad de construir algo bonito es mucho mayor.
La bola de nieve funciona de tal manera que todo lo que arrastra se suma al conjunto de la materia que la forma. Su poder es tremendo, así como su fuerza, pero siempre tiene un final. Por ello, su recorrido se asemeja al de una huida hacia delante.
El Barça va justo de fuerzas. Los excesos del año pasado y la –inevitable en determinados momentos- reserva de fuerzas para el Mundial amenazan al grupo de Guardiola, que trata de utilizar la técnica de la bola de nieve para tratar de completar otra temporada exitosa.
Ahora mismo, Henry no sería más que una ramita de pino de esa bola blanca que podría ser el equipo azulgrana. Pero cuando se va justo todo esfuerzo extra se agradece, todo aporta. Por ello Guardiola dice que Henry les hará falta, porque aunque no sea titular –para mi está por detrás de Pedro, Bojan e incluso alguno más- unos minutos de refresco por aquí y un partido como titular por allá permitirán al resto respirar.
Guardiola, ahora mismo, no puede pensar en jugar partido a partido. La estrategia tiene que ser a medio plazo, de aquí a final de temporada. Por ello, ahora que los toros están tan de moda, le ha echado un capote al francés, silbado hasta por Saint Denis.
¿Y después del final de temporada? Pues vendrá el Mundial, respondería el de Santpedor haciendo uso de su habitual humor quitahierros. Si, y la cita internacional pasará, y vendrá la pretemporada. Y, si alguien no compensa un poco esta plantilla, seguirá la huída hacia delante.
La clasificación para el Mundial finalizó ayer con una emocionante última jornada de repesca. Han sido meses duros en que las selecciones se han batido el cobre para conseguir el preciado billete para Sudáfrica que les otorgue el privilegio de disputar la próxima cita mundialista.
De la fase de clasificación suelen salir selecciones aspirantes al Mundial por su brillantez o por su eficacia, selecciones ilustres que sufren pero consiguen su objetivo y selecciones que consiguen su billete merecidamente sin a priori haber sido serias candidatas a ello. Pero la verdad, el final del camino suele haber pocas sorpresas.
A lo largo de los meses que dura este duro trámite siempre se suele especular con el mal momento de grandes selecciones que pueden quedarse sin acudir a la cita, pero al final, sea como fuere, hay un grueso de selecciones que rara vez faltan en los bombos.
En la zona europea nos hemos encontrado con selecciones como España, Inglaterra o Holanda que han conseguido su clasificación de manera brillante y otras como Alemania o Italia que la han conseguido sin brillantez pero con la eficacia que siempre las caracteriza.
Todavía faltaban Portugal, Francia y Grecia para cerrar el cupo de las consideradas “grandes” de Europa y estas no fallaron. Portugal con solvencia; Francia con un polémico gol que deja entrever la sombra de Platini y Grecia, que mostró las carencias de la Ucrania de un Shevchenko que no es tan determinante como en otros tiempos, consiguieron ayer su pase a la cita mundialista. Así, selecciones como Bosnia, Croacia, Rusia, Irlanda o Ucrania quedaron fuera pese a mostrar mejores impresiones que los franceses o los portugueses.
En la zona sudamericana se especuló mucho sobre la posible eliminación de Argentina o el poco futbol que muestra Uruguay. Pero al final entre las selecciones que irán al mundial encontramos a Brasil, Argentina, México, Uruguay o Chile.
Por lo que respecta a África, encontramos las cuatro selecciones que sin duda se han mostrado más sólidas durante la fase de clasificación: Camerún, Costa de Marfil, Ghana y Nigeria. Faltará a la cita todo un campeón africano como Egipto, pero los argelinos se han ganado a pulso estar entre las 32 mejores selecciones.
Por último, selecciones como Japón, Corea del Norte, Corea del Sur o Estados Unidos que se imponen sin problemas en sus respectivas zonas futbolísticas rellenan los bombos que depararán los grupos para la Copa del Mundo.
Son meses duros donde las selecciones deben mostrar sus armas si quieren estar en el Mundial pero esta es una cita a la que nadie quiere faltar. Y al final, de manera justa o injusta, merecida o inmerecida, con solvencia o con carencias, pero casi siempre encontramos a las mismas selecciones en estas competiciones.
Hay grandes que se han quedado fuera como la Suecia de Ibraimovich, pero mirando los bombos nos damos cuenta que realmente no se echará en falta a nadie. Después de una fase de clasificación con mucho sufrimiento y con muchas especulaciones podemos decir que al final, la vida sigue igual.
No sé hasta qué punto es oportunista decirlo, pero España es algo más que una buena selección. Las dos victorias que el combinado de Del Bosque ha conseguido en cuatro días ante Turquía hace que los elogios de después de la Eurocopa se queden cortos. Me explico.
España ganó el europeo con todo merecimiento y jugando un fútbol en momentos exquisito, y después ha ganado partidos con una exquisitez sólo comparable al Barcelona de Guardiola. Ahora bien, los dos partidos frente a los otomanos se han ganado por casta, orgullo y convicción a pesar del avispero planteado por Fatih Terim, que ha complicado muy mucho el centro de operaciones español.
Y es que el equipo español no ha jugado como lo hizo en algunos partidos de la Eurocopa o recientemente contra Inglaterra, pero a base de victorias ha adquirido un oficio que le vale para sacar adelante este tipo de partidos. El cambio de mentalidad es sorprendente, y es algo que me inquieta. ¿Hasta qué punto es importante la cabeza para los deportistas?
A tenor del ejemplo de la selección o, por poner otro actual, Fernando Verdasco, el convencimiento de que algo se puede hacer -siempre unido a la calidad y al buen hacer- es casi sinónimo de conseguirlo. En el caso del tenista madrileño, está claro que su victoria ante Del Potro en la final de la Davis con todo el estadio del Mar del Plata en su contra fue la clave de la transformación.
En el caso de España, me gusta situar ese momento en la tanda de penaltis frente a Italia. Tal era el complejo del país y de los propios futbolistas con su pasado errante, lleno de puertas cerradas a última hora y de decepciones en los mejores momentos que ganar al mayor especialista en situaciones límite fue poco menos que una liberación.
Una liberación que a día de hoy permite, por ejemplo, ganar a Turquía con dos goles de hombres como Piqué o Riera, que no estuvieron en la Eurocopa. Ah, y sin Iniesta, Cesc y (hoy) Villa.
P.D.: La clasificación para el Mundial de Suráfrica 2010 se despide ahora hasta septiembre. España lleva 11 victorias consecutivas en partido oficial y el récord, que ostentan Brasil e Italia, en 14. Hay que jugar contra Bélgica y Estonia en casa y contra Armenia fuera para igualar este récord. Para mejorarlo, espera Bosnia también en los Balcanes. Esperamos contarlo aquí.