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martes, 13 de julio de 2010

Haciendo balance

Ningún grupo puede actuar con eficacia si falta el concierto; ningún grupo puede actuar en concierto si falta la confianza; ningún grupo puede actuar con confianza si no se halla ligado por opiniones comunes, afectos comunes, intereses comunes.
Edmund Burke

Si algo ha quedado claro en este Mundial es la importancia del grupo. Ninguno de los tres supercracks que debían comerse el mundo -Cristiano, Messi y Rooney- han pasado de cuartos, y a las semifinales han llegado cuatro equipos que basaban su fortaleza en el colectivo.

Y tres de ellos -España por supuesto, Alemania y Holanda- se han mirado en el espejo de Guardiola y su Barça para construir equipos ganadores. Qué casualidad. Las tres selecciones han mostrado estilos muy diferentes partiendo de una base común: sacrificio colectivo, igualdad entre sujetos y papel importante del seleccionador entendido como psicólogo.

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miércoles, 7 de julio de 2010

Se ríen del mundo

Generaciones y generaciones de futbolistas, de entrenadores y aficionados cansados de la desgracia, del último minuto y de la mala suerte. Y van estos tipos y se ríen del mundo. España ya está en la final del Mundial gracias a un gol de Puyol.

Y es que este equipo es irreverente por definición. La historia les importa bien poco en el buen sentido de la expresión. Jóvenes, pequeños y amantes de lo artístico, lejos de esa casta, esa sangre que durante años había dado más desgracias que alegrías.

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lunes, 5 de julio de 2010

¿Cómo ganar a Alemania?

Viena, 29 de junio de 2008. España escribía en el corazón de Europa y frente a su motor la página más gloriosa de su accidentada historia futbolística. El próximo miércoles, dos años y muy poco después, españoles y alemanes vuelven a juntarse por un puesto en la final del Mundial. ¿Qué hay que hacer para ganar a esta nueva Alemania?

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sábado, 3 de julio de 2010

Die Mannschaft (El equipo)

Con Messi desaparecido, la apisonadora alemana, engrasada en muchas batallas mitológicas, ha pasado por encima de Argentina. El 4-0 encajado resume un partido ganado por los de Joachim Law con el primer gol. A partir de ahí, a contragolpear a placer.

Es esta una Alemania desconocida, capaz incluso de marcar el tercer gol a la salida de un ‘gilicorner’. Bierhoff y Ballack, que lo veían desde la grada, quizá pensaran en que esto del fútbol es muy heterogéneo. Die Mannschaft (El equipo) ha dejado de ser tosco para convertirse en sutil. El camino es diferente pero el destino el mismo: son mortales.

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lunes, 28 de junio de 2010

Errores y cortoplacismos

Una vez más, el fútbol ante el dilema. ¿Seguir con las reglas que le han convertido en el deporte más popular del planeta o renovarse para ganar justicia en detrimento de dinamismo?

Si bien es cierto que el no-gol de Lampard –como también el fuera de juego de Tévez- son imperdonables errores arbitrales, nadie podrá negar que sin el margen de error que el ojo humano y las pulsaciones provocan en los árbitros este deporte perdería buena parte de su gracia y quizá también de su memoria.

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martes, 15 de junio de 2010

Un buen espejo

Que dura es la crisis que estamos pasando. Pensábamos que el Mundial sería nuestra tabla de salvación por un tiempo, pero ni eso. El conservadurismo se apodera también del fútbol con tantos intereses como hay de por medio, y sólo Alemania ha demostrado cierta capacidad para jugar bien.

Mientras veía los goles de la Die Mannschaft de reojo y seguía la victoria, también por goleada, de Rosell, no podía dejar de pensar en las palabras del ex presidente Felipe González en el homenaje a Pablo Iglesias, mofándose de la canciller alemana Angela Merkel.

La locomotora europea aún tenía, en palabras de González, "margen para hacer políticas anticíclicas", pero optó por un plan de ajuste. Así, enterraba las opciones europeas de crecimiento por motivos domésticos. Conservadurismo, todo lo que contrario que la selección de los Joaquim Low, Ozil, Podolski o Klose.

Si el fútbol es un reflejo aproximado de la sociedad, al menos está bien que nos devuelva una imagen un poco mejor de lo que somos, para poder mirarnos con orgullo.

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domingo, 8 de noviembre de 2009

Hertha de Berlín: una historia del siglo XX

Seguramente, que te acusen de nazi en Alemania es casi el peor insulto. De hecho, a diferencia de España, allí está prohibido mostrar emblemas nacionalsocialistas. Y si algún equipo lo ha tenido que aguantar a lo largo de los últimos 50 años es el Hertha Berlin. Quizá a ello se deba la poca implantación que históricamente ha tenido el club y que otros, como el Union Berlin, que milita en la equivalente a nuestra Segunda B, sean el equipo de muchos berlineses.

Y ahora, que van a cumplirse 20 años de la caída del Muro de Berlín, parece que los malos tiempos aires, de pesimismo y decaimiento, vuelven a apoderarse del equipo más grande de la capital alemana. Teniendo en cuenta su historia de grandes fracasos sonados, uno piensa que el presidente, Werner Gegenbauer, gestionó tan mal el éxito que no había otra realidad posible para esta temporada.

Despidió a Dieter Hoeness, el hombre que había modernizado el club en diez años desde el puesto de director general, y dejó ir a tres de los pilares de la brillante campaña del Hertha: el central croata Simunic -ojo con él- se fue al Hoffenheim, el delantero Pantelic al Ajax y Voronin volvió al Liverpool en contra de su deseo personal. Ahora resulta que el gran causante de la marcha de Hoeness, el entrenador Lucien Favre, tampoco sirve y ha sido despedido por el mal inicio de temporada. Un desastre.

No obstante, la historia del Hertha está plagada de ellos. Desde que los hermanos Fritz lo fundaran junto a Max Linder y Willy Loretz allá por 1892, los mejores años del Hertha fueron precisamente los primeros. En unas competiciones cuyas estructuras estaban naciendo el club era uno de los clásicos de Alemania y, en el periodo entreguerras, fue capaz de ganar dos Bundesligas. Las únicas que se pueden ver un su museo, aunque creo que el club tendría un filón si a esas dos copas les sumara una historia del club paralela a la del siglo XX.

Poco duraron los éxitos, ya que la irrupción electoral del nacionalsocialismo truncó su historia para siempre. Hay una especie de ‘etiqueta’ que seguramente pesa enormemente sobre la gente del Hertha, y es que fueron el equipo al que el Führer quiso convertir en suyo. Según un estudio de Daniel Koerfer, investigador de la Universidad Libre de Berlín, fue el interés de Hitler y no la presunta alienación del entorno del club a las ideas nazis lo que convirtió al Hertha en una especie de equipo del régimen que jugaba sus partidos en el Olímpico de Berlín.

De hecho, este estudio, que ya comentó Notas de Fútbol, demuestra que en las elecciones que en 1932 auparon al Partido Nazi, el barrio obrero donde estaba ubicada la sede del Hertha –Wedding, la Roja Wedding- votó en masa al Partido Comunista. Otra cosa es después, cuando Hitler, consciente del poder ideologizante del fútbol, colocó a su afín Hans Pfeifer al frente del club para tratar de convertir al club en el exponente de la superioridad de la raza aria. En ese mismo estadio, Jesse Owens le demostró al Führer en sus mismas narices la inutilidad de sus ideas.

Pasó la Guerra Mundial y las potencias ganadoras se repartieron Berlín, dividiéndola en dos. Y se alzó el Muro que partió la ciudad. Es obvio que el club se vio afectado. Tanto que se vio obligado a recurrir a los sobornos para convencer a los futbolistas de que el Hertha era un buen club para jugar. Cuando la federación alemana se dio cuenta, descendió al equipo a regional, convirtiendo a la dividida Berlín, como si eso no fuera suficiente, en la única capital europea sin un equipo en Primera. Aquello duraría años.

Para cuando volvieron, recomponer y modernizar el club era una tarea titánica que no se materializó del todo hasta la llegada de Hoeness. Él hizo el primer gran Hertha desde los años 80, un equipo que plantó cara al Bayern y se clasificó para la Champions en 1999. Era el Hertha de Marcelinho, de la ‘perla’ Deisler, de Basler… y de los problemas económicos. Las fueras inversiones y la quiebra de los patrocinadores televisivos dejan al club al borde de un abismo del que se recuperó la temporada pasada. Ahora vuelve el gris.

El Hertha tiene un gran paralelismo con la historia del mundo tras la caída del Muro. Todos pensaron que el mundo sólo podía ir a mejor y la mayoría imaginaron un mundo de vino y rosas, de paz y justicia. Ahora estamos en crisis.

X. Prera