lunes, 16 de marzo de 2009

Bojan y el espacio en el campo

A las 21.00 me senté a ver el Barcelona. Sobre las 22.10, cuando estaba a punto de decir que Bojan no es Eto’o, el canterano metió los dos goles. Temía –y temo- que la inactividad haga que Bojan se quede en buen futbolista y no llegue a ser un top ten. Condiciones tiene. Verle jugar frente a chavales de su edad es tan insultante como la de John Wayne frente a centenares de apaches.

Recuerdo el Mundial sub-17, aquella prórroga frente a Ghana en la que Bojan se echó el equipo a las espaldas y, tras recibir una falta que él solo provocó enfrentándose a toda la defensa africana, marcó un gol que llevaría a España a la final. Él no la jugaría por expulsión y España perdió. Allí me impresionó el serbio de Linyola.

Aquello me hace pensar que Bojan no está hecho para ser uno más. Es un tipo que siempre ha estado por encima de sus teóricamente iguales y, con confianza, puede ser un lider. ¿Qué le falta a Bojan para ser el 9 del Barcelona? A mi juicio es sobre todo una cuestión de apariencias. Cuando un defensa ve a Eto’o le tiembla todo y necesita deshacerse de la pelota. Aunque el camerunés esté a 20 metros, aparenta cubrir mucho más campo del que realmente cubre. Eso, a falta de la velocidad punta de Eto’o, se consigue posicionándose y en eso Bojan tiene mucho que aprender. Cuando no tiene la pelota, da la sensación de estar perdido y de aportar poco.

Luego Eto’o puede ser más rápido, pero Bojan –criado en la más excelsa escuela del toque- es más capaz de colaborar con el equipo en la elaboración. A mi juicio, el de Linyola tiene más condiciones que el camerunés. Es cuestión de tiempo y confianza. Tras ver el abrazo de Guardiola al niño tras el cambio, me quedan pocas dudas de que técnico y futbolista lo tienen todo hablado. Guardiola ha ganado a Bojan para la causa, lo que no es poco con el mes de abril que le espera al Barça.

sábado, 14 de marzo de 2009

Arrebato obrero

Consciente de que tiene las de perder en la mayoría de ocasiones, la clase obrera funciona a base de arrebatos desacomplejados ante los abusos del capital. Así fue la victoria del Liverpool frente al Manchester, un triunfo de la dignidad, de lo humano frente a la máquina apisonadora de Ferguson.

Consciente de que la guerra está perdida, el Liverpool salió a todas. Poco a poco se fue adueñando del partido hasta que ¡zas!, en un penalty tan inocente como discutible -no había ninguna opción de que Park llegara a la pelota- se vio con 1-0. Sin haber hecho mucho, el United había enchufado el primero y, con ello, la apisonadora. En los cinco minutos siguientes, los diablos empujaron como sólo pueden hacerlo ellos para tratar de matar la Premier.

Fue en ese momento, ante la dificultad, cuando el Liverpool humanizó el fútbol. Con dos arrebatos propios de quien se sabe inferior a largo plazo pero que se siente fuerte empató. Torres y Gerrard fueron el ejemplo de que el trabajo y el esfuerzo son útiles frente a quien todo lo puede. El madrileño luchó por un balón imposible -para el resto del mundo menos para él, que se lo digan a Pepe o a Lahm en la final de la Euro- y Gerrard rebañó una pelota que que Evra le hiciera penalti.

A partir de ahí todo fue más fácil para los 'reds', especialistas en perder batallas a largo plazo pero capaces de todo en un forcejeo puntual. Seguramente el United ganará esta liga gracias a la profundida de su plantilla, pero el Liverpool suma de tres en tres ante los grandes. ¿Un aviso para un posible cruce en la Champions?

miércoles, 11 de marzo de 2009

El simbolismo, Guardiola y Montalbán

Ayer imaginaba a Guardiola, en el hall del hotel de lujo donde se alojaba el Barcelona, explicando a sus futbolistas quien fue Manuel Vázquez Montalbán, lo que significó para el mundo de la literatura española y también lo bien que entendió a un club como el F.C. Barcelona, al que definió como "un ejército desarmado de Catalunya". A los dos minutos pensaba que tenía que dejar de ver Crackòvia, un programa de humor deportivo de TV3 en el que oponen y exageran la presunta intelectualidad de Guardiola a la estupidez y pasotismo cultural de los jugadores.

Ahora, tras ver como el Barça ha ganado -mejor, ha vapuleado- 5-2 al Lyon de Benzema, pienso que quizás mis pensamientos se cumplieran y hubiera una charla sobre Montalbán en ese frío hall de la capital catalana. Todo esto viene a cuento de que Guardiola, gran conocedor del simbolismo, cambió los hábitos y concentró a los jugadores en Vallvidrera, donde pasó su madurez el 'padre' del detective Carvalho. Era en este municipio situado cerca del Tibidabo donde Montalbán venía su Barcelona natal levantarse y acostarse, con el Mediterráneo de fondo.

El técnico azulgrana quizá sabía que para Eto'o o Keita concentrarse aquí era igual que hacerlo en la Conchinchina, pero seguro que para él no. Era una manera de que el Barcelona se encontrara a si mismo respirando el aire puro que Montalbán agradecía tras una buena comida. Los jugadores vieron ayer la ciudad a sus pies y quizás dedujeron que hoy les tocaba devolver a esta mole lo que el sufrido culé ha hecho por el club en el que juegan durante años.

Allá donde estés, Guardiola seguro que hoy ha pensado en ti y se ha acordado de los que escribiste sobre él cuando se fue del Barcelona. Yo también, buenas noches.

P.D.: Sin Guardiola, de momento, era como si una bebida catalana tan carismática como Aromas de Montserrat dejara de ser de Montserrat o perdiera los aromas

lunes, 9 de marzo de 2009

El tiempo como hecho cultural

En su libro de reportages sobre África Ébano, Kapuscinski escribe que para los europeos "el tiempo funciona al margen del hombre", que es objetivo. En cambio, "los africanos perciben el tiempo de manera diferente. Para ellos, es una categoría mucho más holgada, abierta, elástica y subjetiva (...) desaparece si lo ignoramos o dejamos de importunarlo".

Cada cultura tiene su propia noción del tiempo. En el mundo llamado Occidental, para bien o para mal, estamos empeñados en luchar contra lo imparable, querríamos moldear las horas que tiene un día en función de si es lunes o sábado. Esto es imposible, y muchas veces es esto lo que nos genera estrés.

Esta semana he creído averiguar que este hecho en España está mucho más arraigado. O por lo menos en el fútbol español. En diez días podemos pasar de estar el Barça en crisis (Sport dixit) a estarlo el Madrid si mañana es eliminado de la Champions League en la ciudad del Yesterday. Creamos crisis y las zanjamos con la subjetividad de una victoria.

Tengo la sensación de que en Italia o Inglaterra no es lo mismo. Ancelotti tiene -si Florentino no obra la machada- la continuidad asegurada en el Milán a pesar de estar eliminado de la UEFA, la Coppa y estar tercero en Liga a 12 puntos del eterno rival. Los jugadores necesitan renovarse -la media de más de 29 años no deja lugar a dudas- pero el proyecto no parece ponerse en tela de juicio.

En la Premier, todos conocemos las historias de Ferguson, Wenger, y la que está construyendo Benítez al frente del Liverpool. El técnico del hoy todopoderoso ManUtd fichó por los diablos rojos en 1986 y hasta 1990 no ganó su primera FA Cup, un título menor. Hasta el 93 no ganó la Premier. Con Wenger pasa más o menos lo mismo: ficha a su antojo jóvenes promesas y forma equipos económicamente rentables y tiene la seguridad de que en los años de vacas flacas no le echarán a la primera de cambio.

El tiempo en el fútbol también tiene su parte cultural. Cada país tiene sus particularidades y su forma de entender el deporte. En Inglaterra, Italia o Alemania tiene una importancia mucho más importante el colectivo, un concepto que traslada ineludiblemente al papel de un entrenador que lo ha moldeado para que funcione. En España, en cambio, la tiranía de la individualidad hace que los entrenadores se conviertan en la mayoría de casos en gestores de alineaciones.

viernes, 6 de marzo de 2009

Fútbol y felicidad

Esta semana, por motivos de trabajo, he tenido que asistir a unas conferencias sobre cambio climático y crisis económica. Uno de los conferenciantes vino a decir que había que bajar nuestro nivel de vida porque es insostenible a nivel climático, y dijo que esto es posible. ¿Cómo, con todas las comodidades que tenemos? No lo sabía, pero aquel hombre estaba respondiendo a una de mis grandes preguntas. Nos explicó que existe una teoría, creo que de un psicólogo llamado Isterling -no lo he encontrado- que viene a decir que a partir de un nivel de riqueza ganar más ya no nos hace más felices.

Siempre habrá excepciones, pero la regla es que a partir de un punto por determinar más dinero no da necesariamente más felicidad. Esta claro que algunos futbolistas o no se rigen por esta teoría o tienen el nivel 'x' muy elevado, pero pienso que no está mal la teoría.

A partir de ahí me he ido interesando por las distintas teorías filosóficas acerca de la felicidad y he intentado ejemplificarlas con determinados comportamientos dentro de un terreno de juego. Allá va:

-Existe la corriente utilitarista, que cree que la mejor manera de llegar a la felicidad es aportando a un colectivo que, si funciona como debe, repercutirá en nosotros. En este grupo entran los '4' de toda la vida, aquellos futbolistas que siempre se ofrecen al compañero. Son gente que no destacan si no gana el colectivo pero que, al tiempo, es difícil que el equipo gane si ellos no destacan. Exquisitos con el balón en los pies, no se les conocen grandes habilidades atléticas. Aunque Busquets se empeñe en demostrar lo contrario con su juventud y desparpajo, es el prototipo de volante culé, de Guardiola a Xavi pasando por Cesc, Iniesta y tantos otros.

-Los estoicos o racionalistas -corrientes parecidas- son gente que basan sus sonrisas en la aceptación de lo que son, no se exigen más de lo que pueden hacer y nunca pierden la esperanza en que su momento llegará. No les importa esperar en el banquillo y pocas veces desesperan. Abundan en los equipos grandes aunque aparezcan poco. Pasan por la vida sin pena ni gloria, nadie les recordará con especial cariño aunque tampoco se dirá nada malo de ellos. Saviola en el presente es la definición perfecta de esta categoría, aunque me gusta destacar a Secretario, aquel lateral portugues que, al parecer, jugó en el Madrid. O tantos y tantos fichajes de la era Gaspart en can Barça...

-En cuanto a los materialistas, ya sabemos, el fin justifica los medios. Son los killers por antonomasia. Preferiblemente italianos o germanos, viven por y para el gol. Cuando su equipo defiende, no dudan en girar la mirada hacia la portería contraria para desafiar al portero y es fácil verles con las cejas encorvadas, respirando a bocanadas y sudados con restos de césped por la cara. Indudablemente irraciones y preferiblemente solitarios, se rompen el alma por un gol y cuando lo consiguen lo expresan con rabia desatada, como partisanos celebrando una victoria decisiva. Es fácil de entender, su felicidad depende de ello.

-Hay corrientes más actuales, procedentes del 'New Thought', que creen que la felicidad no depende de nada material sino que es un proceso mental. La felicidad como decisión. Son personajes que se ha inventado el siglo XXI, siempre sonrientes, mediaticos, hombres-anuncio que pueden destacar en el campo o no. Pero eso poco importa, tampoco la vida íntima, lo importante es salir bien en la última foto. Mañana será otro día y el ayer no importa.

-Por último, tenemos a Gattusso, representante último de una raza en peligro de extinción. El 'New Thought' les ha hecho tanto daño que odian a estas 'estrellitas' y no les consideran futbolistas. Son de la corriente 'nietzscheniana', que afirma que la felicidad no existe y que el hombre ha venido al mundo a sufrir. Para ellos, la felicidad es tan ínfima que prefieren no pensar en ella. El tiempo que pasa entre una victoria y otra es una lucha continua hacia un lugar que, para ellos, no existe. Chapados a lo antiguo, a pesar de tener palos por piernas suelen gozar de la simpatía de un público que añora la época en que el hombre era un animal y ve que podemos volver a serlo.

En definitiva, son maneras de entender el fútbol, maneras de llegar a la felicidad. Un tema aparte son los espectadores, que deberíamos incluirnos en una corriente a caballo entre los estoicos y los irracionales materialistas, puesto que lo que llegamos a aceptar con tal de un instante de felicidad no tiene un nombre terrenal. Por cada jugada bella aguantamos minutos y minutos de sandeces.

miércoles, 4 de marzo de 2009

El sentido colectivo y el talento

El sábado pasado sufrí. Sufrí viendo el soporífero partido del Liverpool, que perdió con el Boro por 2-0. Aunque ayer ganó al Sunderland por este mismo resultado, la derrota ante los de Southgate condenó a los 'reds' a luchar por la segunda plaza con el Chelsea.

Del partido me disgustaron especialmente Babel, N'Dog y El Zhar. Seguramente son futbolistas que en unos años, si les van bien las cosas, pueden ser importantes en el panorama mundial y a los que seguro hay que darles oportunidades. Ahora bien, no hay nada que me moleste más viendo fútbol que jugadores sin ningún sentido colectivo.

Babel y El Zhar, ambos titulares, no dieron pie con bola. Cada balón que recibían encaraban a los rivales de manera automática, sin mirar a su alrededor e incapaces de juzgar si a su equipo le convenían en aquel momento sus gambetas. El Liverpool era el sábado un equipo cansada, gris, anodino, que lo último que necesitaba era perder balones tontos que pudieran acabar en contras de Downing o Tuncay.

¿Cómo puede ser que futbolistas que fichan por equipos como el Liverpool sean tan limitados tácticamente? Ojo, no estoy pidiendo racanería futbolística, sino jugadores que más allá de saber regatear sepan cuando han de hacerlo. Eso es sentido colectivo y es lo que le sobra a su capitán, Gerrard. Bien harían en mirarse en él.

Y es que sentido colectivo no debería estar reñido con arte y calidad individual. Ambos atributos deberían combinarse para crear futbolistas de verdad, no magos irracionales o camiones sin talento. Pienso que esto es cuestión de escuelas, de maneras de enseñar, pero también actitud individual, puesto que sinó, ¿cómo se entiende que un tipo como Babel, proveniente de la mejor escuela colectiva del mundo, sea tan anárquico e individualista?

lunes, 2 de marzo de 2009

Al Barça se le atraganta la fiesta del fútbol

La enfermedad de un colectivo, ya sea un ejército, un partido político o un equipo de fútbol, se hace patente cuando pierde en su terreno. Eso es lo que le pasó al Barcelona ayer.

Hasta el partido del Calderón, pensaba que lo de Sevilla había sido un tropiezo de normalidad humana, que el derby contra el Espanyol había estado marcado con la expulsión de Keyta y que el resultado contra el Lyon era bueno a pesar de no jugar el mejor de los partidos.

Ayer, no obstante, era un buen día para reivindicarse. Suele decirse que los Atlético-Barça suelen ser partidos de goles, de intensidad, de tensión. Un buen escenario para un Barcelona que en los últimos partidos parecía haberse dormido por la mezquindez de las tácticas rivales, que habían encontrado un filón tapando a Xavi y esperando arropaditos la ocasión de morder.

El fútbol se dio en el Calderón una alegría a sí mismo y el Barcelona acabó llorando en una esquina, incapaz de explicar los porqués de una racha que -ahora sí- da opciones al Madrid en esta Liga que parecía tener el billete de AVE destino la ciudad de la Sagrada Familia. No es normal esta reacción azulgrana, que dio la espalda al fútbol, el principal aliado en sus éxitos y el amigo añorado en estos días de melancolía y nervios.

Las razones principales son la debilidad defensiva -Puyol y Márquez se cubrieron de gloria- y la falta de pegada. Messi hace cinco partidos que no ve puerta, Eto'o le marcó por última vez al Betis y sólo Henry mantiene el nivel en un trío que en la primera vuelta marcó más de dos goles de media por partido.

Los que habíamos ensalzado a Guardiola al más elevado de los altares sin haber pasado ni un momento bajo tenemos que retirar nuestros argumentos y esperar. Esperar a que el técnico de Santpedor sea tan bueno en la victoria como en la derrota y que la principal característica que se le presume -la coherencia- le haga revisar los últimos partidos para que los equipos pequeños no pongan en peligro una liga ganada hasta ahora a golpe de humillación a los grandes. El resto dependerá de unos futbolistas que deben reencontrarse a si mismos si el cansancio de tener una plantilla en la cuentan 13 futbolistas se lo permite.