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miércoles, 11 de marzo de 2009

El simbolismo, Guardiola y Montalbán

Ayer imaginaba a Guardiola, en el hall del hotel de lujo donde se alojaba el Barcelona, explicando a sus futbolistas quien fue Manuel Vázquez Montalbán, lo que significó para el mundo de la literatura española y también lo bien que entendió a un club como el F.C. Barcelona, al que definió como "un ejército desarmado de Catalunya". A los dos minutos pensaba que tenía que dejar de ver Crackòvia, un programa de humor deportivo de TV3 en el que oponen y exageran la presunta intelectualidad de Guardiola a la estupidez y pasotismo cultural de los jugadores.

Ahora, tras ver como el Barça ha ganado -mejor, ha vapuleado- 5-2 al Lyon de Benzema, pienso que quizás mis pensamientos se cumplieran y hubiera una charla sobre Montalbán en ese frío hall de la capital catalana. Todo esto viene a cuento de que Guardiola, gran conocedor del simbolismo, cambió los hábitos y concentró a los jugadores en Vallvidrera, donde pasó su madurez el 'padre' del detective Carvalho. Era en este municipio situado cerca del Tibidabo donde Montalbán venía su Barcelona natal levantarse y acostarse, con el Mediterráneo de fondo.

El técnico azulgrana quizá sabía que para Eto'o o Keita concentrarse aquí era igual que hacerlo en la Conchinchina, pero seguro que para él no. Era una manera de que el Barcelona se encontrara a si mismo respirando el aire puro que Montalbán agradecía tras una buena comida. Los jugadores vieron ayer la ciudad a sus pies y quizás dedujeron que hoy les tocaba devolver a esta mole lo que el sufrido culé ha hecho por el club en el que juegan durante años.

Allá donde estés, Guardiola seguro que hoy ha pensado en ti y se ha acordado de los que escribiste sobre él cuando se fue del Barcelona. Yo también, buenas noches.

P.D.: Sin Guardiola, de momento, era como si una bebida catalana tan carismática como Aromas de Montserrat dejara de ser de Montserrat o perdiera los aromas

lunes, 23 de febrero de 2009

Homenaje a Candido Cannavò


Generalizando y a riesgo de equivocarme, el periodismo deportivo en nuestro país me parece de una banalidad fuera de dudas. La mayoría de periodistas son incapaces –o sus empresas no les dejan- de salir de las líneas del terreno de juego.

El deporte en general, y el fútbol en particular, son mucho más que veintidós tipos detrás de una pelota. Hay mucho más. Cada club tiene una cultura detrás, cada competición, una idiosincrasia que hay que entender para explicar lo que pasa en el campo. Y, sobre todo, me parece que el deporte es algo arraigado a la sociedad, que impregna a éste de sus características, distintas en cada lugar.

Hay una élite de periodistas deportivos que tratan de entenderlo, y algunos lo consiguen. Caso de Enric González o Ramón Besa en España, sucesores de Vázquez Montalbán, de Juan Villoro en Sudamerica, o de Cándido Cannavò en Italia. Son gente que sabe que escribe de algo que mueve pasiones y que no puede simplificarse a un gol en fuera de juego o un error arbitral.

Cannavò, además del deporte, tenía otra pasión: la Gazzetta dello Sport. Allí empezó con poco más de 20 años y allí ha acabado su vida. Con su otra familia. En su último viaje, estuvo en Barcelona para recibir el premio Vázquez Montalbán de Periodismo Deportivo. Yo tuve la suerte de estar allí para entrevistarle. Con 78 años, daba envidia su lucidez, su facilidad para la broma. En dos minutos, con un par de bromas sobre Messi y el estado de gracia del Barça, se metió en el bolsillo a un auditorio que había acudido a ver a Roberto Saviano.

En la que seguramente fue su última entrevista, conversó conmigo y una compañera. Nos atendió de buen grado tras la ceremonia, y habló de Barcelona, de Saviano, de su amigo Samaranch, de las olimpiadas y mundiales que ha cubrido, e incluso de Messi. Fue una conversación corta, pero tuvo tiempo de dejar claro cual había sido el axioma de su periodismo: “El periodismo y el deporte, sin la humanidad, son una auténtica banalidad”. Eso lo mantuvo en este difícil mundo del periodismo durante 50 años, dedicados todos ellos a engrandecer la Gazzetta. Ahora una hemorragia cerebral se lo ha llevado. ¡Suerte, maestro!