Consciente de que tiene las de perder en la mayoría de ocasiones, la clase obrera funciona a base de arrebatos desacomplejados ante los abusos del capital. Así fue la victoria del Liverpool frente al Manchester, un triunfo de la dignidad, de lo humano frente a la máquina apisonadora de Ferguson.
Consciente de que la guerra está perdida, el Liverpool salió a todas. Poco a poco se fue adueñando del partido hasta que ¡zas!, en un penalty tan inocente como discutible -no había ninguna opción de que Park llegara a la pelota- se vio con 1-0. Sin haber hecho mucho, el United había enchufado el primero y, con ello, la apisonadora. En los cinco minutos siguientes, los diablos empujaron como sólo pueden hacerlo ellos para tratar de matar la Premier.
Fue en ese momento, ante la dificultad, cuando el Liverpool humanizó el fútbol. Con dos arrebatos propios de quien se sabe inferior a largo plazo pero que se siente fuerte empató. Torres y Gerrard fueron el ejemplo de que el trabajo y el esfuerzo son útiles frente a quien todo lo puede. El madrileño luchó por un balón imposible -para el resto del mundo menos para él, que se lo digan a Pepe o a Lahm en la final de la Euro- y Gerrard rebañó una pelota que que Evra le hiciera penalti.
A partir de ahí todo fue más fácil para los 'reds', especialistas en perder batallas a largo plazo pero capaces de todo en un forcejeo puntual. Seguramente el United ganará esta liga gracias a la profundida de su plantilla, pero el Liverpool suma de tres en tres ante los grandes. ¿Un aviso para un posible cruce en la Champions?