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lunes, 31 de mayo de 2010

El futuro del fútbol y una tarde en el Nou Estadi

"Qué banda", decía uno. "Esto no hay quien lo aguante", se escuchaba dos filas más arriba. "Pagar trescientos euros para ver a esta gente, menudo drama", le respondía el amigo entre un mar de pipas. Los tres se marchaban un cuarto de hora antes de acabar el partido.

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lunes, 17 de mayo de 2010

Falta frescura en la Liga

La Liga se ha acabado, y en Barcelona vuelven a estar de celebración. Es el momento de los cánticos en el noreste y de la triste reflexión en la meseta. Ya suena a ciclo. Más allá de la continuidad de Pellegrini o de las elecciones en el Barça, hechos que marcarán la temporada que viene, vale la pena pararse a reflexionar sobre el estado actual de la máxima categoría del fútbol español.

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jueves, 8 de abril de 2010

Dos seres humanos

Reflexivos como pocos hombres de fútbol, analizar a Guardiola y Pellegrini por lo que dicen es entrar en sus personalidades, en sus preocupaciones, en sus trabajos. Y es sobre todo hablar de una idea del fútbol común: combinación y empatía con el espectador como vías para el gol.

Desde que es entrenador, Guardiola no da entrevistas. No es que desprecie a la prensa, sino que, hombre de su tiempo, sabe el poder de ésta y –quizá también- que las intenciones no siempre son las mejores. Jamás, en sus ruedas de prensa, se le ha visto un mal gesto con periodistas, pero siempre manteniendo una distancia que marca él. Es su decisión y quiere que le respeten, como él lo hace con el resto. Esta es una de las bases de su triunfo: el respeto del futbolista en tanto que persona.

Pellegrini si da entrevistas. Las justas, pero las da. Para saber más del ideario del chileno, he decidido analizar dos charlas con informadores de cuando triunfaba en el Villarreal. Como Guardiola, le da respeto hablar con la prensa y en público asegura que no le gusta ni reírse ni figurar para no perder la concentración.

Ambos fueron futbolistas, y saben mucho de lo que significa ser un líder. Ninguno de los dos, no obstante, jugó jamás al populismo para ejercer su liderazgo. Son ejemplos de coherencia. El chileno pasó su carrera deportiva en la Universidad de Chile, en los difíciles tiempos de la dictadura militar. A pesar de que su equipo era el símbolo de los perdedores, tiene su idea de la política y jamás ha querido entrar: “es un elemento de desunión. El deporte y el arte deben separarse”, le decía a Juan José Díaz en 2005. Durante aquellos años, estudió Ingeniería.

Guardiola, en cambio, no ha huido de la política. Desde un segundo plano, sin declaraciones nunca altisonantes –quizá algún presidente debiera aprender-, nunca ha escondido su catalanidad. En la última entrevista que le he encontrado, para Marca y en su etapa de formación como entrenador, decía que si Catalunya hubiera tenido selección propia hubiera jugado para ella: “¿Por qué? ¡Porque yo nací en Catalunya!”

Un íntimo suyo como Juanma Lillo –he recogido también sus palabras para que no quedara cojo al tener sólo una entrevista- llegó a decir que veía a Guardiola no solo de entrenador sino de presidente.

Su visión del fútbol

En sus charlas con periodistas, sus reflexiones fluyen, no parecen forzadas. Y tienen un destino: el fútbol. A ambos les gusta explicarse porque entienden que están del lado de los ‘buenos’, de los que tratan bien al cuero. Quizá por ello, cuando les preguntan les sube un poco el ego, sabedores que quien está tras el micro seguramente quiere la clave del elixir.

A quien entrevista a Pellegrini le preocupa especialmente su renuncia a las bandas. Él prefiere hablar de ocupación de espacios: “con extremos hay que jugar siempre, el problema es cómo se ocupan”. El chileno nunca ha jugado con jugadores de banda puros, e intenta explicar su visión del fútbol como una especie de pacto. Para el la clave es “la llegada al grupo”, y “lo primero es conocer a los jugadores y aunar esfuerzos”.

Luego entra en la táctica. Habla de la necesidad de adaptar una idea de fútbol a los futbolistas que uno tiene, y no de condenarlos. Y pone el ejemplo de su Villarreal de Riquelme: “si tenemos a Román, con dos puntas a los que asistir es el doble de peligroso, dará dos o tres balones de gol”.

En cuanto al sistema defensivo, “dos medios centro no que corten, sino que recuperen, porque hay medios que cortan con una falta y dejan la pelota al contrario. Después de recuperarla, que ya requiere un desgaste, deben jugarla de forma simple”. Y como no tiene extremos puros sino interiores que juegan más cerca del centro del campo, colaboración entre ellos.

Guardiola y Capello

A Guardiola, el celebro del Dream Team, preguntarle por su manera de jugar es dar en el grano. Respeta todos los sistemas, pero tiene muy claro cual es el suyo. “En el fútbol entra todo: jugadores protagonistas, otros más especuladores... ¿Y por qué no vamos a tener espacio entrenadores que intenten hacer buen juego? Yo pregunto mucho por otros técnicos: cómo es éste, qué hace ese otro... Pero no hay recetas tácticas mágicas. En la historia se ganó con muy diferentes estilos. Por ello, la solución es hacer lo que uno siente”.

Cuando le preguntan por Capello, contesta sin rencores. Uno le imagina incluso con una sonrisa en la cara, guardándose lo mucho que aprendió en aquel año en la Roma chupando banquillo. “Él fue educado de una forma y es lógico que yo no participara en su fútbol. Al menos, fue coherente”.

Y una más de respeto, al atrevirse el periodista a decir que con Capello no se iban a divertir en Madrid. “Sí, ¿por qué no? Mire, hoy en día, la gente, si su equipo gana, está feliz. Y si alguien tiene crédito como para darle tiempo ése es Capello”.

Así son, y uno se atreve a aventurar que así serán. Al catalán no le ha cambiado un ápice su glorioso año con el Barça. No se permite lujos, y dar entrevistas quizá sería despistarse demasiado. Por ello recomienda a sus futbolistas que no hablen del clásico. Al chileno, si no le cambió la dictadura, ¿quién lo va a hacer ahora? ¿Inda? No creo.

El sábado se verán las caras dos seres humanos en un mundo, como le llamamos en este blog, postracional.

domingo, 10 de enero de 2010

Defender a los artistas

No cabe la menor duda que el fútbol ha ido, con el tiempo, dejando de lado su vertiente exclusivamente deportiva para dar la bienvenida al espectáculo. Hace tiempo que ha dejado de ser un deporte donde compiten únicamente deportistas. Ahora también compiten las aficiones, los medios de comunicación, los presidentes, etc. Todo ello ha contribuido a crear un circo mediático que hade del fútbol el “deporte rey”.

Pero si el fútbol es considerado tan enorme espectáculo, ¿por qué no brindamos mayor protección a los artistas? Hemos llegado a un punto en que los futbolistas deben aguantar todo aquello que se les eche encima desde la grada con una frialdad inhumana. Si no lo hacen, les señalamos con el dedo.

El último ejemplo, y el que colmó mi indignación, se dio en Italia hace unos días. Mario Balotelli, jugador de color del Inter de Milán, recibió un “marcaje” férreo durante todo el partido por parte de algunos aficionados rivales, los cuáles increparon con gritos xenófobos al jugador a lo largo del encuentro. Al finalizar el encuentro, el Inter se llevó la victoria con un solitario gol del propio Balotelli y este se despidió de la hinchada rival dedicándoles unos aplausos cuyo significado no difiere mucho de “Sí, os ha ganado un negro”. Estos aplausos han costado al jugador una multa de aproximadamente 15.000 euros y aquellos que pasaron 90 minutos increpando con gritos racistas han salido indemnes.

Dejando claro que no soy un enamorado de las federaciones y organismos futbolísticos, una vez más me han dejado claro que su labor es de lo más estúpida. Pienso que la sanción debería ido a parar a las “personas” que increparon a Balotelli o en su defecto, al club que representan dichos aficionados; pero nunca al jugador.

Dejemos ya de señalar con el dedo y condenar a los jugadores que, ante tan ingente cantidad de barbaridades, reaccionan contadas veces. A pesar de lo que cobran, son humanos. Recordémoslo.

Y por cierto, nunca he ido a ver una obra de teatro en que se increpe a los actores o un partido de tenis en que los aficionados no callen cuando el árbitro lo manda. Habrá que planteárselo.

GUILLEM P.M.

domingo, 23 de agosto de 2009

Ya son 5.000

Esta mañana hemos llegado a los 5.000. Quizás llegue el momento de hacer balance. Hay que decir lo típico: gracias a todos por las visitas, sin ellas no hubiera sido posible, espero que sigais entrando en el mío y yo en el vuestro... Todo esto es cierto, no hubiera empezado si no supiera de la existencia de una blogosfera futbolística de gran valor añadido si sabes escoger lo que lees. Yo quería ser parte de este plus, dar una visión del fútbol sin nadie que medie entre el estadio y el lector. A mi manera, sabiendo que el fútbol está contaminado por el capitalismo, también que sin éste posiblemente el fútbol sería otra cosa muy distinta y posiblemente peor. Con mis dudas, pero con mis certezas de que este deporte se ha convertido en un ejemplo más de la postracionalidad.

Mi idea era sobre todo la de dar una visión distinta, teniendo muy en cuenta que cada club es un mundo con su idiosincrasia y que ésta pesa como una losa en cada acción, en cada partido, en cada victoria y en las derrotas. No es lo mismo perder tres puntos para la afición del Betis que para la del Atleti. Y me encantan estas diferencias, y por ello me encanta el fútbol.

Todo esta aventura comenzó con una reflexión sobre la parte interna del fútbol, ha seguido con cada triunfo de un Barcelona arrollador que nos ha regalado el mejor fútbol de los últimos años, ha seguido con apologías al tocamiento y se ha sobrecogido con la muerte de Jarque. Ha habido momentos de euforia, pero también de bajones, como aquel mes de junio en que mi situación personal me llevó a dejar de tener ganas de escribir. Con la esperanza de que las ganas actuales duran, seguiremos peleando.

Porque, como dice Jesús Fernández Santos, "al escribir proyectas un mundo a tu medida", porque hay que evitar que, como dijo Azaña, "en España la mejor manera de guardar un secreto es escribir un libro. Quizás también con un puntito de lo que dijo un vanidoso Orson Welles: "Lo peor de escribir es cuando acabas un capítulo y la máquina de escribir no se levanta a aplaudir".

lunes, 13 de abril de 2009

Poco se sabía de este tipo alto cuando llego a Santander. Los expertos en fútbol internacional podían recordar un gol a la Roma desde 30 metros jugando la UEFA con el Estrella Roja, pero su llegada, pese a estar acreditada por sus goles de sabor balcánico, despertaba como mínimo incógnitas. En temporadas anteriores, había triunfado en unos sitios y fracasado en otros como Francia, siempre cedido por el Estrella Roja.

Y es que la carrera de Zigic es así. Ganarse el pan de prestado para tratar de triunfar en un grande donde no se confía en él. Pareciera que está cómodo estando de paso, que sus 202 centímetros le dan una concepción de estabilidad distinta a la mayoría de mortales. El último argumento para justificar sus goles y actuaciones en Santander es que es un delantero que, por sus características, no tiene sitio en un grande.

El fútbol postracional suele inventar este tipo de argumentos para justificar -siempre esta maldita palabra, siempre justificando- la muerte de los especialistas. Tal y como, según Valdano, el doble pivote ha acabado con la figura del mediapunta, los sistemas de punta único han acabado con el '9' alto y corpulento. Y es que, ¿para qué un delantero que baje balones si no hay nadie a quien pueda favorecer su pelota peinada?, ¿para qué un delantero que remate de cabeza si los extremos también han pasado a mejor vida? Los especialistas se retroalimentan, se necesitan entre ellos para sobrevivir. Figo y Morientes seguro que lo saben.

En todo caso, Zigic ha recuperado su nivel goleador en el Sardinero. Diez goles en doce partidos y el Racing que un año más no sufrirá apuros de última hora. Zigic sigue en standby, a la espera de que un grande dé una oportunidad a los especialistas.