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martes, 5 de mayo de 2009

Londres, ciudad del fútbol


Roma pasa por Londres. Este es el titular al que se acogen los dos grandes candidatos a disputar la final de la Champions League. El industrial Manchester y la cosmopolita y artística Barcelona deberán visitar la capital victoriana para sellar su pase a la final del imperio romano. Ninguno de los dos lo tendrá fácil, puesto que se enfrentan a dos equipos caracterizados por la pureza y la simplicidad.

En el caso del Arsenal - Manchester (hoy, 20.45) los de Ferguson, actuales campeones, se enfrentan a un equipo desacomplejado por definición al que puede ir grande la cita. Puede, pero también puede que no tengan conciencia de la grandeza de la misma y salgan a divertirse con Cesc como 'maestro de toboganes'.

Por su parte, me resulta imposible descifrar que estará pensando Hiddink para preparar el Chelsea - Barça de mañana. A priori, tras el derby español, ha quedado claro que al Barça no le puedes jugar de tú a tú sin ser víctima de suicidio inducido, pero de alguna manera tendrán que buscar el gol. Espero un Chelsea casi tan defensivo como en el Camp Nou que firmará de entrada la prórroga. Es que me resulta imposible pensar que alguien pueda pretender ganar al Barça. Luego pasará lo que pasará pero... ¿visteis lo del Bernabeu?

En cualquier caso, Roma pasa por Londres. A orillas del Támesis, a los pies del Big ben, se deciden los finalistas de la Champions. En casa de los fabricantes de armas el equipo de noroeste de Inglaterra buscará seguir siendo imbatible fuera de casa -dos años sin perder-. En el viejo Stamford, en el acomodado distrito de Fulham, se miden la pureza física con el arte. Dos enfrentamientos y un solo camino: el que lleva a Roma, que pasa por Londres, ciudad del fútbol.

martes, 28 de abril de 2009

Del gran Groucho Marx al Barça-Chelsea

En 1974, la periodista Charlotte Chandler entrevistó al actor Groucho Marx para la revista Playboy. En un momento de la misma, el humorista le espetó a la plumilla, seguramente irritada por sus respuestas irreverentes: "Estos son mis principios, si no le gustan, tengo otros".

Tras ver el Barça-Chelsea, la frase ha cambiado: "Este es el fútbol actual, si no te gusta, te enfadas, lo consultas con la almohada y mañana será otro día". Ni más ni menos. El Chelsea -y muchos otros equipos- priman de manera escandalosa el fin en detrimento de los medios cuando se ven inferiores.

Cuando el árbitró pitó el final, estaba indignado, horas después simplemente estoy decepcionado. El superviviente Guus Hiddink, acostumbrado a hacer grandes cosas con equipos pequeños, ha encontrado un filón en la fortaleza de los futbolistas del Chelsea. Nunca he sido partidario de los argumentos puristas del toque, pero lo de ayer rozó el escándalo.

Me estoy resistiendo, pero no quiero acabar sin desbirgarme. Me refiero al colectivo arbitral, del que nunca he dicho nada. Tampoco hoy voy a acusar a nadie de ser mejor o PEOR, pero la UEFA debería darse cuenta de que con los arbitrajes europeos toma partido por una manera de jugar con la que, repito, no comulgo pero respeto.

lunes, 20 de abril de 2009

La rentabilidad se llama Hiddink

Ayer estuve paseando por el parque de la Ciutadella con motivo de la Fira de la Terra. Por si a alguien le interesa, había cosas que estaban muy bien, otras no tanto y también había muchas 'frikeces'. Entre ellas, unos tipos que me propusieron apadrinar la plantada de árboles con 3.000 euros y que me aseguraban que, con la madera que sacarían cuando se hicieran grandes, me darían al menos 18.000. Obviamente no acepté.

Pensaba con una media sonrisa en lo que me había pasado cuando, ya en casa, leí que el Manchester había caído en los penaltis contra el Everton y que, por tanto, el Chelsea es el único inglés que opta al triplete. Y me acordé de Guus Hiddink, quizás el mejor ejemplo de rentabilidad. En este caso, rentabilidad real y no fictica, no como los amigos de los árboles.

Y es que tras echar de manera fulminante a Scolari, Abramovich por fin tomó una decisión sabia. El ruso pensó que a media temporada no era momento de iniciar un proyecto en serio y fichó para 'su' Chelsea al técnico que tiene el mejor porcentaje de éxito en la historia de la interinidad. Y es que Guus es un nómada, un apátrida. Seguramente tiene algo de judío, no en vano cuando entrenaba al Valencia mandó retirar una esvástica que los temidos Yomus ondeaban en la grada.

Hay dos anécdotas que se complementan y que explican bien el carácter del holandés. Es un gran conversador y le encanta el café, dos atributos que deberían ir siempre juntos. Ambos deben serle muy útiles, puesto que ponerse al día cuando llega a un país nuevo debe requerir buenas dosis de paciencia auditiva y buenas tazas de café. "¿Qué sabemos del Aston Villa?", preguntó a los capitanes del Chelsea hace semanas, reconociendo que no sabía mucho de los villanos. Ellos le explicaron, él escuchó y el Chelsea ganó.

La vida de Hiddink transcurre así, con la incertidumbre de no saber donde estará en unos meses pero con la certeza de que algo saldrá, mientras los directivos no pierdan la poca cordura que les queda. Y con estas ha llevado a los 'blues' a la final de la Cup, a las semis de la Champions y a optar -aunque remotamente- a la Premier. De paso, ha recuperado a Drogba para la causa, además de mejorar notablemente el rendimiento de Ballack y Lampard, que ahora parecen compatibles y todo.

El PSV, Holanda, Corea, Australia, Rusia y ahora el Chelsea de Abramovich. Hiddink como nadie sabe que en esto del fútbol hay que tener un amigo en cada puerto. Y sólo él tiene la fórmula para conseguirlo.