2010, tras unos días con problemas con el portátil, ya ha llegado en este pequeño universo digital. Y lo ha hecho con sorpresas, tanto en Liga como en la Copa del Rey.
Vamos por partes, y empecemos por
la Liga, donde fines de semana como el anterior no son nada comunes en España. Dos equipos que siguen estrategias opuestas para conseguir sus objetivos como el
Villarreal y el
Osasuna sorprendieron a los dos grandes.

Especialmente significativo es lo de los castellonenses, que consiguieron por primera vez en mucho tiempo que el espectador viera un partido del Barça y disfrutara con el equipo contrario. No son los primeros a los que la presión bien arriba les funciona para torpedear la salida de pelota de los de
Guardiola, pero que tras recuperar la pelota fueran capaces de tutear al Barça en el
Camp Nou sí es novedoso, noticioso y significativo.
Más allá del color de cada uno, me parece muy sano para la competición que cosas como ésta o la de El Sadar se den de vez en cuando, e incluso me encantaría que sucedieran más a menudo. Y es que el
‘bailar pegados’ en que se ha convertido la Liga sólo es beneficioso para los grandes. Personalmente prefiero esos
bailes populares de plaza en los que puede participar todo aquel que quiera.
La CopaEn la Copa hay muchas cosas a destacar. Siguiendo con el orden cronológico, el Camp Nou volvió a ver pinchar a su equipo. El pequeño bache azulgrana tiene mucho que ver con la falta de profundidad de la p

lantilla, pero sobre todo en el partido contra el Sevilla
el trío arbitral, liderado por Pérez Burrull, fue decisivo anulando dos goles aparentemente legales.
Faltan ya adjetivos para describir la situación del
Atlético. Vergüenza, decepción, cansancio… son palabras que ya deben sobrar al aficionado colchonero de a pie. Hay muchos análisis y poco espacio, pero cuando el esperpento es tan grande no valen medias tintas. Quique puede tener parte de culpa, los jugadores indudablemente forman parte de este pastel amargo, pero la inutilidad de
la directiva para crear un proyecto consistente, estable y duradero parece crónica y no parece creíble que se pueda dar la vuelta a la situación.
Por último, hace poco hablábamos del
Valencia y de los trenes perdidos. Hay que volver con la misma argumentación. Sorprende que estén tirando las opciones de hacer algo grande en la estación Mestalla. Siendo la vuelta en Coruña, puede pasar de todo.
Y no se puede cerrar este rápido repaso al fútbol español sin hablar del Mallorca, que pasa por un momento especialmente dulce y ha rebasado al Sevilla en el cuarto puesto de la clasificación. Como en el caso del Valencia, y en este caso con menos aún que perder, tiene un tren hacia el mundo de los sueños este próximo fin de semana. La parada,
Chamartín. El destino, quien sabe.