"Nunca se lo he confesado a nadie, dijo Benja pocos días más tarde mientras desayunaban en la cocina, pero a vos quiero contártelo. Tengo sueños, ¿sabes? Todos tenemos, dijo Ale. Sí, pero los míos son sueños de fútbol. Qué romántico, dijo ella riendo. No te burles, contigo no necesito soñar porque sueño despierto. Sueño que estoy en la cancha, pero no con mis compañeros de hoy. Estoy con Nazassi, Obdulio, Atilio García, Piendibeni, Gambetta, el Vasco Cea, Schiaffino, Petrone, Lis Ernesto Castro, Abbadie y gente así, de distintas épocas, todo entreverado."
Extracto de 'El césped', Mario Benedetti.
Fallecido ayer a los 88 años de vida, Benedetti también sucumbió al deporte rey. Fue en parte culpa de su padre, que lo llevó con 10 años a ver la final del Mundial de 130 al Centenario de Montevideo. No pudieron entrar, pero lo escucharon por radio en el café 18 de julio y se le quedó grabado. Desde aquí nuestro homenaje al maestro, a quien queremos recordar, además de por futbolero, por humano. Porque en la historia de la literatura ha habido pocos que hayan descrito la humanidad con su exactitud y destreza. Sus últimos años fueron quizá los peores para este apasionado de la alegría. La pérdida de su esposa Luz le hizo sentir vacío, y el vacío -ya lo decíamos aquí- es lo peor que le puede ocurrir al ser humano. Así lo describió:
Acontece la noche y estoy solo
cargo conmigo mismo a duras penas
al buen amor se lo llevó la muerte
y no sé para quién seguir viviendo