Las de Aduriz y Jurado son dos historias de exilio. El primero tuvo que salir de Bilbao, donde se había consagrado procedente del Valladolid, por los deseos de hacer caja y la irrupción de Llorente. El segundo, un talento, ha pagado las consecuencias que tiene en el fútbol postracional ser de la cantera y medir 176 centímetros.
Ambos son las dos grandes referencias de un Mallorca que no sufrirá y que se permite el lujo de pasearse por la península con la tranquilidad del trabajo bien hecho. Me preocupa más el tema de Jurado, un futbolista de técnica exquisita, formado en la cantera del Madrid y que puede ocupar la mediapunta o la banda izquierda con una visión y una llegada en muchas ocasiones prodigiosas.
No soy un habitual de los partidos del Mallorca, por lo que no sé si es un futbolista muy regular, pero nueve goles y seis asistencias en un equipo de media tabla son estadísticas a tener en cuenta. Ayer me e

namoró con dos acciones. La primera es un hecho corriente como recibir de espaldas, tocar atrás y desmarcarse para recibir de nuevo a la espalda del lateral del Sevilla. Lo puede hacer cualquiera, direis, pero su clarividencia y seguridad me asombró.
La segunda, unos minutos más tarde, sirvió para que su equipo se adelantase. Recibe, se gira con estilo preciosista. Levanta la cabeza y ve a Aduriz, viniendo de atrás adelante. Evitando la entrada de su marcador en el último suspiro, la pone a media altura al primer palo, donde más duele a los defensas lentos. Aduriz, astuto y atento, se la lleva y bate por abajo a Palop.
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Cuantas veces habrá escuchado el padre de Jurado decir sobre su hijo: 'Es una lástima que no mida cinco centímetros más'. Es un clásico en los campos donde miles y miles de jóvenes promesas se juegan su suerte en este caprichoso mundo del fútbol. Jurado, siempre la cabeza alta, parece una mezcla de tozudez e inocencia. Quizá sean estos atributos los que le han permitido recuperarse de los golpes que le han dado los dos grandes de Madrid. El Real y el Atlético han prescindido de sus servicios sin apenas conocerle.
Como aquellos republicanos que abandonaban la España ya franquista en 1939, Jurado es a sus 22 años un tipo al que sus orígenes parecen haberle traicionado. El problema es que, cuando esto te pasa, volver a ser profeta en tu tierra es tres veces más difícil. Que se lo pregunten a tantos y tantos que murieron y mueren lejos de su patria.
PD: ¿La selección? Complicado. Lo dice uno de los comentarios de la entrada, ser pequeño en España ya no es un problema. La cuestión es que sólo los pequeños más buenos tienen opciones. Y ahora en la selección hay demasiados pequeños buenos. Quizás llegue su momento si ficha por un equipo de UEFA o Champions.