Con todos mis respetos para el maestro Joaquín Sabina, y confiando que el anonimato de este blog permitirá que mi sugerencia no llegará a él para empañar una de sus mejores canciones, creo que cabría añadir un verso a 'La del pirata cojo' que diga 'espectador si juega Messi'. Quiero ver por siempre su descaro, sus ansias de fútbol y sus goles.
Se han dicho tantas cosas que pareciera incluso fácil hablar del argentino. Es celestial, de este planeta o quizá no, desbordante como nadie, eclipsador, parco de palabras y contundente en gestos, el más decisivo, eléctrico y electrizante.
Su manera de cerrar el partido ha sido la del más cruel de los dictadores, pero Messi es un populista. Todos están dispuesto a seguirle por su contundencia, por la manera en que vence. Porque ganar es para él una consecuencia lógica de su fútbol. Por eso, envuelto de torpes racionales en Argentina, se siente perdido.
Comparando su juego con el Barça y con Argentina descubrimos que el mejor de la historia es no sólo excelso sino algo exquisito y clasista. Los 'torpes' humanoides que defienden la albiceleste dirigidos alguien que se le pareció no son suficiente. Él prefiere a los 'avatares' del Barça, a los que entrena uno que le entiende. Con ellos se asocia, les facilita y le facilitan, les lleva a la gloria a cambio de comprensión y de acompañamiento en el extasis.
Porque llega un momento en que Messi ya no está jugando al fútbol. Cual chamán de tribu precolombina, mediante sus driblings se eleva a una categoría ulterior. Sobrepasa lo humano para ir más allá de lo conocido. Y lo mejor es que nos deja acompañarle una vez a la semana.
Recortaré las portadas de mañana. Quiero que mis hijos, mis nietos y los nietos de mis nietos sepan que un tal Messi hizo cosas que no esta al alcance de nadie más. Quiero que sepan que yo lo vi y que me tengan un poco de envidia. Que me pregunten, como yo preguntaba y pregunto por Maradona. Les contestaré que 'la Potra', como le llamábamos entre los miembros de la familia a la que pertenecen, dirigió un equipo bellísimo y que llegó muy lejos, más que cualquier otro, a una dimensión desconocida.
Juanma Trueba, en un arranque de clarividencia digno de estar en los altares de la semántica, dijo que Messi era isotrópico, algo así como tan movible como un mando de videoconsola, con todas las posibilidades. Si, lo es, pero quizá esté un pasito más allá. Quizá sea metafísico.
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