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jueves, 15 de abril de 2010

El Barça, verbenas de verano y el cubo de Rubik

La Liga se muere a pasos tan rápidos que cuesta analizarlos. Una vez más, la jornada deja una exhibición del Barcelona, que venciendo 3-0 al Depor da un pasito más hacia el título, a pesar de la victoria del Madrid por 1-2 en Almería.

Agotados, con el permiso de David Trueba, los adjetivos para Messi, el Barça dio ante el Depor una lección de juego de conjunto. He escuchado que el Depor jugó vencido de antemano. No me lo pareció, yo vi el mejor fútbol de toda la temporada.

El equipo de Guardiola se asemeja, por su belleza al ocupar al terreno, a un cubo de Rubik acabado, y a la felicidad que produce. También por el método. Meticuloso y estudiado algorítmicamente, simétrico y apolíneo.

Como el artilugio que inventó el arquitecto hungaro Enro Rubik, que desordenado parece imposible de completar, el Barça parece superarse en cada combinación, por imposible que parezca, y siempre hay solución para cuando algo se complica. Este equipo juega a demostrar que no hay límites para la física, y pone la barrera un poquito más lejos cada partido en un bucle de erotismo que no parece tener final.

Y desnudos al anochecer nos encontró la Luna. Sí, este equipo es una fiesta como las que describe Sabina en su canción. Una fiesta de pueblo, en uno de esos juveniles veranos sin fin ni preocupaciones aparentes, con el vino tan presente como el baile de una mujer que mueve sus caderas para la Luna.

Uno de esos veranos que sirve de pretexto a Manuel Vicent para su ‘León de ojos verdes’, en los que las experiencias se acumulan una tras otra sin que haya tiempo para la reflexión ni la duda. Sólo Guardiola, un superdotado, parece capaz de poner en orden entre tanta verbena, intento de vaselina, tango y pared imposible.

En fin, todo se acaba, hasta este Barça inmortal caerá algún día. Pero yo, más que de haber visto a Messi, vacilaré de haber sido testigo de un equipo que desafío a la perfección, poniéndola en un serio aprieto.

martes, 6 de abril de 2010

Espectador si juega Messi

Con todos mis respetos para el maestro Joaquín Sabina, y confiando que el anonimato de este blog permitirá que mi sugerencia no llegará a él para empañar una de sus mejores canciones, creo que cabría añadir un verso a 'La del pirata cojo' que diga 'espectador si juega Messi'. Quiero ver por siempre su descaro, sus ansias de fútbol y sus goles.

Se han dicho tantas cosas que pareciera incluso fácil hablar del argentino. Es celestial, de este planeta o quizá no, desbordante como nadie, eclipsador, parco de palabras y contundente en gestos, el más decisivo, eléctrico y electrizante.

Su manera de cerrar el partido ha sido la del más cruel de los dictadores, pero Messi es un populista. Todos están dispuesto a seguirle por su contundencia, por la manera en que vence. Porque ganar es para él una consecuencia lógica de su fútbol. Por eso, envuelto de torpes racionales en Argentina, se siente perdido.

Comparando su juego con el Barça y con Argentina descubrimos que el mejor de la historia es no sólo excelso sino algo exquisito y clasista. Los 'torpes' humanoides que defienden la albiceleste dirigidos alguien que se le pareció no son suficiente. Él prefiere a los 'avatares' del Barça, a los que entrena uno que le entiende. Con ellos se asocia, les facilita y le facilitan, les lleva a la gloria a cambio de comprensión y de acompañamiento en el extasis.

Porque llega un momento en que Messi ya no está jugando al fútbol. Cual chamán de tribu precolombina, mediante sus driblings se eleva a una categoría ulterior. Sobrepasa lo humano para ir más allá de lo conocido. Y lo mejor es que nos deja acompañarle una vez a la semana.

Recortaré las portadas de mañana. Quiero que mis hijos, mis nietos y los nietos de mis nietos sepan que un tal Messi hizo cosas que no esta al alcance de nadie más. Quiero que sepan que yo lo vi y que me tengan un poco de envidia. Que me pregunten, como yo preguntaba y pregunto por Maradona. Les contestaré que 'la Potra', como le llamábamos entre los miembros de la familia a la que pertenecen, dirigió un equipo bellísimo y que llegó muy lejos, más que cualquier otro, a una dimensión desconocida.

Juanma Trueba, en un arranque de clarividencia digno de estar en los altares de la semántica, dijo que Messi era isotrópico, algo así como tan movible como un mando de videoconsola, con todas las posibilidades. Si, lo es, pero quizá esté un pasito más allá. Quizá sea metafísico.