El Barça sigue arrollando, esa no es la noticia. El equipo de Guardiola sigue engrasando su maquinaria de cara a una temporada en la que está obligado a mucho. Antes de que la exigencia le haga tener que rendir al máximo nivel semana tras semana, Ibrahimovic disfruta de un plácido aterrizaje en el que se le exige poco. De momento, con Messi y Xavi basta.
Pero ayer vimos ya los primeros conceptos tácticos destacables del que será el nuevo delantero centro azulgrana. A falta de que su nivel físico sea idóneo, nada de cambios de posiciones con Messi o Henry. Su principal tarea a la hora de crear es dar dos pasitos hacia adelante para recibir de los mediocentros y devolverla a la primera. Seguramente no hay nadie en el mundo que pueda hacer mejor esta función, senzillamente porque no hay delantero corpulento con su calidad. 
El gol de Messi fue sólo uno de los ejemplos de ello. Recibe de Xavi y, en lugar de mirar a portería como hubiera hecho cualquier delantero vulgar, prefiere jugar de cara, algo que explican en benjamines pero que pocos ponen en práctica. El resto es Messi en estado puro. Picarla así es de una sutileza hasta insultante.
Y Presionar, presiona. Tras el partido, Guardiola dijo algo inteligente y que todo aquel que haya jugado a fútbol en su vida sabe: cuando un equipo presiona, presionan todos. Es pura física y se llama inercia. El principio, enunciado por Galileo y completado por Newton, es el cálculo que permite descifrar lo que le cuesta a un cuerpo mantener su estado de reposo teniendo en cuenta diferentes fuerzas. A poco que estas últimas actúen, la inercia nunca es cero. Eso es lo que le pasará a Ibrahimovic. Debate cerrado: el sueco es mejor que Eto'o (y me parece insultante tener que argumentarlo).
No quiero dejar de acordarme de Ronaldinho. Tras un ultimátum de su entrenador Leonardo, algo así como un 'ahora o nunca', parece que el Gaucho ha optado por el 'ahora'. Aún es pronto porque un buen partido lo puede hacer hasta con una botella de whisky en cada mano, pero lo que se pudo ver frente al Siena es esperanzador. Nunca he sido un gran defensor de Dinho, pero no puedo dejar de sentir simpatía por aquellas personas que tocan fondo y, por voluntad o por inercia, se levantan.
