Ayer me dí un día de tiempo para no escribir en caliente, pero ya no puedo más. Que un personajillo como Astiazarán amenaze con una huelga por la reforma fiscal aprobada por el Gobierno con los grupos de izquierda me parece de una bajeza moral insultante para todo ser humano y, sin querer ser populista, más aún para todas las personas en este país que están en paro, que lo pueden estar, o que soportan una carga de trabajo mayor debido a los recortes en sus empresas.
Para ponernos en onda, este hombre cobra por dirigir la LFP 1,5 millones de euros brutos al año. Es decir, que del significado de la palabra huelga sabe menos que yo de cricket. Y ahora, ante unos cambios fiscales en el IRPF de los extranjeros que cobran más de 600.000 euros, se revela y amenaza con parar la competición más seguida del país. Como si fuera suya.
Pues no. Si tengo dos cosas claras es que la Liga es de todos los aficionados y que estos cambios en los impuestos son no tan solo justos sino además morales. Siempre he defendido que los futbolistas no viven en otro mundo sino en el nuestro pero en una República alejada del resto de mortales. Todo el circo del fútbol ha de dar una lección de humildad y empatía y aceptar estas modificaciones. ¿Que las SICAV no se han tocado? Bueno, paso a paso. ¿Que en realidad el Estado saldrá perdiendo porque recaudará menos por el impuesto de sociedades que pagan los clubes? Vale, pero el sistema será un poquito más justo.
Puede llegar a entender -jamás compartir- los argumentos económicos de Astiazarán, como la cuestión de la recaudación del Estado por el impuesto de sociedades o la posible -sólo posible- caída de calidad de nuestra Liga, pero ya lo dije cuando Florentino propuso jugar a las 15.00 horas: en algún momento nos tendremos que plantear que la fiesta ha terminado, que el boom de los últimos diez o doce años es insostenible y que nos volvimos locos gracias -o por culpa- de un tal Bosman.
Unos que agradecerían que la reforma tirara adelante serían los futbolistas españoles, a los que adoramos en Mundiales y Eurocopas pero de los que nos olvidamos con facilidad cuando nos presentan a un sudamericano prometedor. Y, sobre todo, ayudaría a humanizar al futbolista y al fútbol en general como deporte de masas.
Porque no puede ser que nuestros ídolos tengan su vida solucionada de sobras mientras el resto nos gastamos lo poco que tenemos en las tapas y las cañas para ver a su equipo en Gol TV. Porque no puede ser que el fútbol esté en manos de gente como Astiazarán -en la Real Sociedad aún se acuerdan de sus desastres-. Porque amar el fútbol es sacar tiempo de la chistera para escribir blogs de forma totalmente desinteresada y no organizar huelgas para defender a los clubes y a los galácticos. No al chantaje.
Para ponernos en onda, este hombre cobra por dirigir la LFP 1,5 millones de euros brutos al año. Es decir, que del significado de la palabra huelga sabe menos que yo de cricket. Y ahora, ante unos cambios fiscales en el IRPF de los extranjeros que cobran más de 600.000 euros, se revela y amenaza con parar la competición más seguida del país. Como si fuera suya.
Pues no. Si tengo dos cosas claras es que la Liga es de todos los aficionados y que estos cambios en los impuestos son no tan solo justos sino además morales. Siempre he defendido que los futbolistas no viven en otro mundo sino en el nuestro pero en una República alejada del resto de mortales. Todo el circo del fútbol ha de dar una lección de humildad y empatía y aceptar estas modificaciones. ¿Que las SICAV no se han tocado? Bueno, paso a paso. ¿Que en realidad el Estado saldrá perdiendo porque recaudará menos por el impuesto de sociedades que pagan los clubes? Vale, pero el sistema será un poquito más justo.
Puede llegar a entender -jamás compartir- los argumentos económicos de Astiazarán, como la cuestión de la recaudación del Estado por el impuesto de sociedades o la posible -sólo posible- caída de calidad de nuestra Liga, pero ya lo dije cuando Florentino propuso jugar a las 15.00 horas: en algún momento nos tendremos que plantear que la fiesta ha terminado, que el boom de los últimos diez o doce años es insostenible y que nos volvimos locos gracias -o por culpa- de un tal Bosman.
Unos que agradecerían que la reforma tirara adelante serían los futbolistas españoles, a los que adoramos en Mundiales y Eurocopas pero de los que nos olvidamos con facilidad cuando nos presentan a un sudamericano prometedor. Y, sobre todo, ayudaría a humanizar al futbolista y al fútbol en general como deporte de masas.
Porque no puede ser que nuestros ídolos tengan su vida solucionada de sobras mientras el resto nos gastamos lo poco que tenemos en las tapas y las cañas para ver a su equipo en Gol TV. Porque no puede ser que el fútbol esté en manos de gente como Astiazarán -en la Real Sociedad aún se acuerdan de sus desastres-. Porque amar el fútbol es sacar tiempo de la chistera para escribir blogs de forma totalmente desinteresada y no organizar huelgas para defender a los clubes y a los galácticos. No al chantaje.
X. Prera