Entre partido gratis y partido gratis, el domingo por la mañana saqué un rato para leer 'El País' mientras tomaba un chocolate con churros. Más allá de la vanidad sin fin de la pseudoentrevista que Cebrián le hacía a Sarkozy, digna de un post en el blog 'La libreta de Van Gaal', me llamó la atención el reportage de John Carlin sobre el declive de la City, el distrito financiero de Londres.
Si discurso, siempre tan fluído, estaba lleno de testimonios.
Uno de ellos, el de un trabajador de banca español -todavía con trabajo- que explicaba a la perfección el origen de esta crisis. Los brokers de la bolsa habían acumulado durante los años de excesos suculentas primas que iban mucho más allá de sus sueldos. Y habían pensado que esos 'extras' existirían siempre, con lo que habían incrementado su ritmo de vida hasta ese nivel. Craso error, puesto que como decía este españolito, habían llevado hasta el infinito un modo de vida sólo temporal. Perfectamente argumentado.
Esto me venía a la memoria cuando veía a Raúl besarse el anillo por tres veces. Este análisis de la crisis es opuesto al que hemos hecho con el '7' blanco. Durante años hemos visto que su nivel decaía -a pesar de no haberse ido nunca- y muchos juzgamos ese declive temporal como definitivo. Ahí están los goles frente al Sevilla para demostrarnos que Raúl está por encima de argumentos banales y facilones. A este tipo tardaremos en enterrarlo, como tardaremos en enterrar la crisis que padecemos.
Estos dos hechos nos deben acercar a la ciencia, donde no se da un experimento por bueno hasta que no se ha comprobado decenas de veces. No se debe dar por bueno lo que sólo es cierto hoy. Mañana todo puede cambiar. Hay Liga.
