Apostábamos hace sólo dos días en este blog por la paciencia de los directivos hacia una de las figuras más maltratadas de nuestro fútbol: los entrenadores. Ya ha caído el primero. Cerezo no ha podido aguantar más y la mala racha de juego y resultados ha acabado con Abel Resino. Ya ha habido reacciones, y casi ninguna da explicaciones. Todos aducen a ese entorno translúcido que complica tanto la vida al Atlético. El problema del equipo colchonero es el ansia de club y jugadores por estar a la altura de una afición y una masa social a la que no alcanzarán nunca. También vale al revés: la afición debería entender que es difícil ser tan grandes como ellos y que pedirles competir con Madrid y Barça es demasiado.
Otro equipo que anda a la deriva es el Villarreal. Ante la Lazio el golpe ahondó más en la difícilmente explicable herida de los castellonenses: juegan mejor que los rivales, dominan los encuentros... y pierden. El domingo, frente al Málaga, el paciente Fernando Roig se vería en apuros si el equipo no gana en casa. Y es que a la afición del Villarreal le pasa justamente lo contrario que a la del Atleti; le han dado tanto por tan poco que abandonará a su equipo con facilidad cuando las cosas no vayan bien.
No es un rival cómodo el Málaga. A parte de llegar en un mal momento, lo que puede hacerles más peligrosos, el Málaga ha sacado tres victorias y un empate de sus visitas a El Madrigal. En la historia reciente del club amarillo, escrita casi toda ella en letras de oro, hay un nombre que causa pánico: el de Darío Silva. El uruguayo era una pesadilla para aquella defensa que componían Quique Álvarez y Unai. Dos temporadas marcando los goles que daban los tres puntos a los boquerones así lo acreditan. Tras ellas, el Villarreal pareció tomarle la medida y, tras un empate, le ganó los tres encuentros de las temporadas 2004, 2005 y 2006.
Pero, tras dos años en Segunda, un Málaga revelación llegó al Madrigal el año pasado, vio como le dominaban pero venció con preciosos goles de Duda y Eliseu a pase de Luque. Historias más recientes a un lado, aún resuena en una boca del gol norte de El Madrigal el lamento de una señora de unos 70 años tras una de aquellas dolorosas derrotas: '¡Ay Darío, Darío!'.
X. Prera